Héroe del día siguiente

Dudo que a día de hoy pocos desconozcan que David Bowie regresará en poco menos de un mes a la primera plana del panorama musical -sobre todo hoy, cuando un (inclasificable) segundo single ha salido a la luz-. Un regreso que pocos (me incluyo) esperaban: diez años de silencio que se rompieron inesperadamente, sin pistas previas que nos indicasen que Ziggy Stardust, Duque Blanco y otros tantos álter egos había decidido dejar atrás su largo letargo al que le empujaron problemas de salud y, creo yo, cierto hastío.

Pero es el momento de que Bowie, el genio, demuestre que aún tiene algo que decir al mundo actual. Porque no encuentro otra explicación al retorno de un hombre que ya hizo todo lo que podía hacer durante una dilatada carrera de cuarenta años marcada por los excesos y la continua reinvención; en la que ha pasado por todos los estilos artísticos y musicales, convirtiéndose incluso en referencia, de la mano de la vanguardia europea y americana. Hasta que el corazón pega el susto, y Bowie, ya felizmente casado y padre de familia, puede centrarse en una vida apartada, tranquila. Un retiro silencioso. Pero ha decidido volver. Espero que sea por algo más que un simple capricho de jubilado aburrido.

Y cuando ya empiezo a cruzar los dedos y a crear expectativas, me encuentro con esto:

music-david-bowie-the-next-day-album-cover

Y un mes después sigo sin saber si es una genialidad o una tremenda broma.

Esta es la carátula de The Next Day, el nuevo disco. Comparémosla con esta: Heroes, el disco clave, el icono de la brillante etapa en Berlín, y a fin de cuentas uno de los mejores discos de la historia. Y resulta que el diseñador de esta nueva portada, Jonathan Barnbrook, no ha dudado en reutilizar la carátula del clásico del 77 para representar el regreso de Bowie. Y digo reinventar como un eufemismo: ¿hace falta jugar a las siete diferencias?

Se levantó polémica, claro. Y el diseñador salió en su propia defensa. “Sabemos que es solo una carátula con un cuadrado blanco sobre ella, pero en el diseño, a veces, descubrir algo lo suficientemente simple que funcione cuesta un largo trecho, y esa simplicidad puede funcionar en muchos niveles; a veces, las ideas más simples pueden ser las más radicales.”

Por favor. Es solo una carátula de hace cuarenta años, oscurecida, sobre la que se ha insertado un cuadrado blanco donde aparece el título en tipografía clásica negra. Y el nombre del álbum original, para más inri, aparece tachado (tachado). Y algunos ya se limpian las babas con ella y la catalogan como una obra maestra.

Pero tengo sentimientos encontrados. Porque creo encontrarle la genialidada una portada que no dudaría en calificar como “cutre”, “hueca”, “insustancial”; “insultante”, incluso. Pobre, poco poderosa. Pero nunca diré que no es original. A pesar de que reutilice vilmente una imagen preexistente. Barnbrook da en la clave.

Aquí veo representado todo lo que espero de Bowie, de su regreso, de su nueva música. Lo mismo que encontré en su primer single tras su álbum Reality, de 2003. Ahí vi a un hombre viejo, con aspecto cansado, que recordaba nostálgicamente sus años en Berlín: el culmen de su carrera, su etapa más productiva, su reinvención más importante, aquella en la que ofreció más al mundo de la música. Si hay un Bowie que ha dejado huella tras su eclosión como Stardust, es el de la Trilogía de Berlín. Y Bowie lo sabe. Y ahora retoma su carrera tras una década alejado; mayor, enfermo, padre. ¿Qué le queda sino mirar atrás?

Por eso la carátula de The Next Day cuenta tanto con tan poco. Porque retoma el hilo de Berlín -de Low, Heroes y Lodger-, pero le da la espalda. La portada original sigue ahí (oscurecerla, eso sí, me parece de una pedantería innecesaria), pero el cuadro blanco rompe con ello; el pasado no se olvida, pero hay que seguir adelante. Dar paso al “día siguiente”. En efectivo negro sobre blanco. Y tachando el título original, en una irreverencia pretenciosa pero acorde con el tono radical de esta, ahora así, destacable muestra de diseño contemporáneo. Polémica consciente de serlo y que se vanagloria de ello. Podrá gustar más o menos, pero no deja indiferente.

Pero siempre hay un “pero”. Y, como no podía ser al contrario en la actualidad, The Next Day ya se ha convertido en aplicación de Facebook. “Convierta su fotografía de perfil en la polémica portada del nuevo disco de Bowie; en dos sencillos pasos”. La creatividad se comercializa enseguida, se convierte en marca. Lo transgresor se vuelve moda, se aprecia. No es “simpleza”, es “sencillez”; es vanguardia, y la vanguardia se prestigia a sí misma en el rechazo. El problema llega cuando este rechazo no llega por sorpresa y la obra pasa a convertirse en una pobre incomprendida, sino que el artista la busca a propósito: espera la crítica destructiva, la desea a cualquier precio, y se regodea con ella; todo por mostrar una apariencia (todo es vanidad) de incomprensión, marginación hacia lo nuevo y revolucionario. Y, así, dar pena, mover a la compasión y, por fin, volverse icono para la masa. Efímero, pero icono al fin y al cabo.

Por eso no sé qué opinar de esta portada. Porque, por una parte, sé que expresa mucho con la menor cantidad de detalles posible. Pasado, presente y futuro condensados en un cuadrado blanco sobre una imagen vieja. Un golpe maestro, un admirable ejercicio de concreción y precisión. Y porque sé que Bowie siempre ha sido muy amigo de toda esta actividad vanguardista que deja huella, del ambiente “underground” y minoritario que tan bien encaja con la propuesta de su nueva música (y si no me creen, echen un vistazo al nuevo single, que he enlazado más arriba, y prepárense para quedarse a cuadros).

Pero, por otra, me indigna saber que es solo un puñetero cuadrado blanco sobre una imagen vieja. Y que, mientras escribo esto, he caído en la trampa, la broma, y he transformado mi foto de perfil de Facebook en una nueva versión de la portada. Superficialidad al poder, pero, oigan, qué moderno queda. O “posmoderno”, como prefieren llamarlo hoy en día. Pero aún me pregunto cómo podrá ser transgresor y original, una “obra maestra”, algo que te permiten reproducir en masa.

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