Una historia simple

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Aún recuerdo París. Pero no ese París que conocí una vez, cuando era demasiado pequeño como para acordarme después; ni ese París de ahora en el que nuevos odios salen a la calle cada día, buscando desesperadamente falsos nuevos enemigos “infiltrados” entre el pueblo libre y “decente”.

Me refiero al otro París. Esa promesa fugitiva; desaparecida, al fin. Convertida en un puñado de ingenuidades y sueños vanos, de imágenes de turista arropadas por los monumentos de siempre, de tópicas instantáneas Polaroid o Kodak bañadas por vidas color de rosa.

Ese París. El falso. Aunque se sienta auténtico. La imagen idealizada creada por el romanticismo de manual (si es que hay manual alguno).

Nunca me gustó ese París, pero confieso que creí que sí. Nunca me desenvolví en él: ni en idioma, ni en costumbres. Demasiado prefabricado para mi gusto. Prefiero aquella ciudad en la que Rimbaud y Verlaine “vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron, / Durante algunas breves semanas tormentosas”, como señaló Cernuda. Más bien fue en Londres, pero hasta el poeta sevillano dudaba en cuál fue el frívolo gobierno que acabó honrando la infausta cama con una placa conmemorativa: si el inglés o el francés. Tanto da. Me quedo con esa imagen de una Francia en declive, pero donde se masticaba riesgo, aventura, nuevas vías, vida auténtica. Que repta por los puercos barrios llenos de mugre y baja calaña, regados con absenta y alucinógenos. Y que hoy en día pisotean las parejas con un plano en mano, convertidas en atracción oficializada en museos. Me da igual: soy capaz de ver aún su fascinante decadencia bajo esa fachada idealizada.

Las cosas cambian. Ahora paseo por las calles de Lisboa. Me miran raro cuando lo digo, y hasta ahora nadie se ha ofrecido a acompañarme. Tanto mejor. La compañía acaba con ese conmovedor y único sentimiento de la “saudade” portuguesa. No desaparece, nunca se marcha: intrínseco al espíritu.

Y camino con Rodrigo Leão de fondo. Nadie consigue emocionarme como él, alimentándose de mis recuerdos y azuzando mi nostalgia como solo lo portugués sabe y puede hacer. Ofreciéndome, en su Cinema de 2004, una banda sonora para mi vida (y para la vida de cualquiera), ambientada en lo urbano, en el pueblo, en lo íntimo; en Portugal, pero también en Francia, e incluso en el Reino Unido: una película llena de instantes que no calificaré ni como buenos ni como malos, acompañada de una música suave y tranquila, romántica en ocasiones, atrevida en otras, lastimosa las más, alegre y optimista siempre; con letras sencillas y efectivas que hablen de olvidos en forma de piedras bajo los pies, sueños que se despiden, ganas de bailar y ser feliz, y verdades que se pierden tras carruseles solitarios.

Es una historia simple, en la que me recreo deslizándome al volante a través de calles vacías, por la noche. En las calles de Lisboa. Que imagino sucias y abandonadas, pero reales por eso mismo. Tal vez sea otra imagen idealizada, que ha cambiado el color rosa por el gris solo para aparentar irreverencia y desapego. Pero es preferible a París. A cualquiera de ellos. A los que sigo volviendo, por cierto. Aún recuerdo París.

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2 pensamientos en “Una historia simple

  1. Interesante reflexión. Bien es cierto que París es una ciudad idealizada, gastada hasta la saciedad por los tópicos que se repiten una y otra vez sobre ella… Pero también es cierto que sólo hay que huir de los tópicos y de los lugares más emblemáticos para disfrutar de la ciudad más allá de los estereotipos que todos conocemos.

    Lo bueno de las capitales, de las grandes ciudades europeas, es que pueden ofrecernos múltiples puntos de vista, son poliedros con un montón de caras distintas, y para ver cada una solo hay que buscarla y acompañarla con la melodía adecuada. Dale una oportunidad a París bajo otro punto de vista, bajo otra cara.

    • París es una ciudad que tengo (tenía, más bien, cuando escribí esta entrada) muy marcada. Y no por recuerdos de haber estado allí: estuve, pero hace tanto que no la recuerdo. París significaba una idea, preciosa en su exterior pero con un interior diferente, que no peor.

      Me gustaría darle una oportunidad. Querría disfrutar de sus tópicos, pero también de lo que está debajo. Hoy no escribiría una entrada como esta, pero tampoco voy a dejarla de lado. Muchas gracias por haberla leído y comentado; siempre es un placer ver que lo escrito sigue ahí para quien quiera 😀

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