Soplos de aire puro

Jean_Michel_Jarre-Oxygene-Trasera

“Desde que empecé a componer música, mi intención ha sido siempre crear y compartir un mundo de sonidos, en el que uno pueda desarrollarse fisicamente; paisajes sonoros que puedas sentir a través de tu piel, en los que puedas sumergir tu cuerpo y tu mente en una vía sensual, sexual y orgánica.” (Jean Michel Jarre, en el libreto de AERO)

Entre la tradición y la vanguardia. Ahí encontramos a Jean Michel Jarre. Fue (ojalá pudiese usar aquí un presente) uno de los músicos más importantes de la escena electrónica de los años 80-90. Uno de aquellos necesarios pioneros de cuando la electrónica era brillante, y cada nuevo lanzamiento suponía el descubrimiento de algo nuevo: texturas recién nacidas, sonidos nunca antes escuchados, sinfonías que igualaban a los clásicos y que surgían solo de las manos de un solo músico al mando de un único sintetizador en una simple cocina de estudiante.

Adentrarse en los primeros pasos de Jarre, no obstante, es toda una experiencia: nunca sé si juzgarlos como el necesario atrevimiento que ensalza la crítica gafapasta, o si tacharlos sin rodeos como la insoportable memez que me dicta la lógica. El caso es que me imagino al Jarre pre-Oxygène como una “rara avis”: uno de tantos vanguardistas que copaban la escena europea (francesa, para más inri) con pretenciosos e inclasificables trabajos, a la postre arriesgados e irreverentes, complaciéndose en las elogiosas críticas que su propia y minoritaria grey les brindaba. Escuchad sus singles La Cage y Erosmachine, y sabréis a lo que me refiero. Todo quedaba en casa.

Pero de la vanguardia no sobrevive uno. Y el jovencito Jarre deambuló entre diversos trabajos en los que fue perfilando, poco a poco, la salida a sus inquietudes: un cóctel peligroso en el momento propicio, que alcanzó un éxito inimaginado. Un disco llamado Oxygène. Que marcó una tendencia evidente en 1977: la música electrónica, ya no tan desconocida, comenzaba a invadir el ambiente popular. En una época tan fecunda para la música, cada género se quiso llevar un pedazo de los nuevos avances en el mundillo de los teclados y sintetizadores. Avances herederos de la psicodelia, las drogas, el progresivo y la ambientación cósmica-espacial. Ahora bien, en la escena puramente electrónica aún faltaba el gran y definitivo paso: salir del academicismo y acercarse a las masas. Momento en el que se encuadra el francés.

Jean_Michel_Jarre-Oxygene-FrontalY no es que Oxygène sea un disco perfecto. Más bien, es una obra colosal. Son conceptos diferentes. La perfección aspira a ser contemporánea a cada momento: como si el Arte fuese inmutable. La obra colosal es un punto crucial en la producción de un artista, por cualquier motivo. Y Oxygène, el poco reivindicado Oxygène, no aguantará el paso del tiempo. Ni falta que le hace. Su importancia es inigualable. Ya ha quedado como obra maestra cristalizada en su contexto.

Esos ambientes espaciales, esos paisajes tan extravagantes como atractivos, esas notas de sintetizador suspendidas hasta el infinito, esos ruidos que salpican por aquí y por allá melodías pegadizas junto a cortes más ambientales… El sello Jarre, en definitiva: el punto de partida que convirtió al músico desconocido en un fenómeno de masas.  Del experimentalismo en la escuela de Schaeffer a los impresionantes conciertos en Pekín, Houston, Londres. Veinte años de carrera que condensaron los experimentos más arriesgados, la comercialidad más sonrojante, y la grandilocuente épica. Sobre todo, esa épica. Y ahí están siete (breves) plásticos para demostrarlo: Equinoxe (1978), Les Chants Magnetiques (1981), Zoolook (1984), Rendez-vous (1986), Revolutions (1988), En attendant Cousteau (1990) y Chronologie (1993). Obras que no mantuvieron el mismo nivel de calidad, pero que innegablemente forman una discografía potente, coherente y muy, muy sólida.

Porque hablar de Jarre es hablar de un artista completo. El que conjugó los eventos multitudinarios (de récord Guiness) donde el playback, los fuegos artificiales y la fachada campaban a sus anchas, con una constante y envidiable evolución técnica de la mano de su insustituible (y relativamente desconocido) ingeniero Michel Geiss, auténtico artífice de los increíbles sonidos que conquistaban todo el mundo. Y es hablar también del arpa láser, y del LP visto como obra de arte. Del espectáculo junto a la calidad. De alcanzar el precario equilibrio entre arte y ventas. Todo ello, explorando nuevas vías musicales sin renunciar al sello clásico, a un sonido inconfundible.

Cerró el ciclo con Oxygène 7-13. Una segunda parte de su magna ópera prima, publicada veinte años después de la original. Ajarre(1) finales del siglo XX Jarre regresaba con sonidos arcaicos, pasados de moda; se volvía a encerrar en el estudio para elaborar un disco que, como era de esperar de una secuela, bebía de su “madre”. El compositor que parecía empezar a perder el rumbo con los baños de masas exponía sus raíces. Música actual con sabor a antigua. Una despedida magistral en el concepto: veinte años después, Jarre demostraba hacia dónde había derivado la música electrónica, al mismo tiempo que reconocía de dónde partió. En un solo disco (imperfecto, todo sea dicho) queda reflejada la visión de Jarre, la manera de entender la música que le había guiado durante dos décadas: esa complicada fusión de tradición y vanguardia.

Ya en 1997 la escena electrónica comenzaba a cambiar. Jarre quedó fuera. Se rompió su colaboración con Geiss, se reafirmaron los signos de cansancio y las limitaciones en inventiva que llevaban siendo evidentes desde hacía años. Desde Metamorphoses (2000) hasta hoy no ha producido nada reseñable. Solo AERO (2004) levantaba la cabeza: ahora bien, se trata de una recopilación en la que el músico francés reelabora sus grandes clásicos. Otra mirada hacia atrás.

Ese pasado donde algunos nos hemos quedado, en un mundo “retro”. Recordando a una figura que despunta de vez en cuando, sin tener nada nuevo que decir. A una concepción de la música electrónica de enorme calidad pero injustamente denostada hoy en día, por mucho que la escena francesa actual (abanderada por grupos como Daft Punk o, sobre todo, M83) vuelva a retomarla fusionándola con nuevas tendencias. Pero ello no me quita la enorme sensación de desfase que siento cuando escucho a Jarre. Ya no se trata de nostalgia hacia algo que no viví. Se trata de saber que esa música ya ha quedado inmortalizada y y fijada más por su importancia pasada que por su adaptabilidad presente: que Jarre, con todo su derecho, se mantiene como referente que no necesita volver a hablar (todo lo que tuvo que decir en este mercado audiovisual ya lo dijo), mientras que su música solo perdura y se aprecia por lo que consiguió y supuso, más que por lo que consigue. Pasados frente a presentes. La dualidad que caracterizó al músico de Lyon durante sus cruciales dos décadas de carrera ha llegado al siguiente nivel.

Pero cabe recordar que hace cuarenta años la electrónica no pasaba de ser una rareza encumbrada por académicos y con poco arraigo popular. El impulso de músicos como Jarre insufló soplos de aire puro que han llevado al género hacia donde está hoy en día. Así de fácil, así de simple. Tal vez por eso sea hora de reivindicarlos. Ahora, en un momento en el que dicho género lleva años desprestigiándose a sí mismo, no es mala idea volver la vista atrás y reencontrar el punto de partida. Que, por lo general, le da mil vueltas a nuestra basura autocomplaciente. Volver al pasado para comprender el presente, y quién sabe si corregir el futuro. Y, de paso, descubrir que no hay nada nuevo bajo el sol. ¿Que David Guetta ha llenado la Gran Muralla? Minucias: Jarre consiguió cautivar a ochocientos millones de espectadores en una serie de conciertos por toda China hace ya treinta años. Se dice pronto.

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2 pensamientos en “Soplos de aire puro

  1. Bueno…. año 2017.

    Electrónica I
    Electrónica II
    Oxygene 3

    Dos conceptos antagónicos, uno repleto de equipos electrónicos de ultima generación para hacer su música, con un resultado impecable, lleno de colaboradores. Dos dobles discos, en los que mas de 30 músicos del panorama electrónico muestran su admiración y la influencia de Jarre en la actualidad.

    El otro, OXYGENE 3, un concepto radicalmente distinto al alcance de muy pocos. Aquellos instrumentos tenían grandes posibilidades, pero habia que hacerlo todo con ellos, hay que tener mucho dominio y mucha calidad para hacer música con ellos, y más hoy dia. Y pocos se atreven. Sin embargo el ha vuelto a hacer, a vuelto a hacer música con instrumentos con los que hay que elaborarlo todo, pero que a su vez crean un ambiente orgánico inigualable si logras dominarlos.

    En fin, una cosa es que la música de Jarre no guste a todos, no sea “facil” de pararse a escuchar, con la bateria de ritmos copiados y machados hasta la saciedad hoy dia, que entran rápido y salen aun mas rápido, y otra que Jarre siga siendo el referente de la música electrónica hoy día, que lo es, igual que lo es Mike Oldfield, y también ha vuelto a demostrarlo con Return to Ommadawn…. dos músicos irrepetibles, que cosas del destino, van de la mano, y siguen siendo referentes e inigualables, haciendo música como nadie hoy día puede hacerla con instrumentos que manejan como si fuesen una extensión de ellos mismos.

    • Buenas.

      Gracias por tu comentario. Y me alegro de que te haya gustado Oxygene 3. A mí, sinceramente, no me llegó en absoluto. Y eso que el primero de Electrónica me entretiene mucho. Pero el segundo ya perdió, desde mi punto de vista, esa frescura, a pesar de algunas colaboraciones realmente buenas (la que abre el disco, la firmada con PSB…).

      Con Oxygene 3 mis expectativas estaban muy altas, lo reconozco. Pero el resultado me ha decepcionado muchísimo. Veo las intenciones de Jarre de crear música ambiental, pero me falta desarrollo melódico y, ante todo, mucho, muchísimo trabajo en las texturas. No veo progresión, desarrollo ni diferencias entre los temas. La cosa parece mejorar en la segunda mitad del disco, con los temas 17 y el 20 (en este último, me gusta la textura de sintetizador solemne que consigue, muy al estilo de sus discos clásicos). Pero, como cierre de la trilogía Oxygene, me suena muy pobre.

      Aun así, no dudo en que Jarre pueda sacar buenos discos en el futuro. Lo que ocurre es que este Oxygene está hecho, en sus propias palabras, en pocas semanas. Y se nota.

      Un saludo.

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