Estás esperando un tren…

Hace unos años escribí un relato muy parecido a Origen. No era mi intención. Cuando era niño “inventé” un casco que permitía al usuario elaborar las películas que él quisiese, teniendo como único límite su imaginación; esas películas se grabarían en cintas especiales que podrían revisionarse una y otra vez. La propia estructura del casco permitía una experiencia sensorial completa, y el individuo era plenamente consciente de lo que estaba creando.

Claro, que luego llegó Christopher Nolan y puso en pantalla escenarios e imágenes que yo también había imaginado. Imaginad lo mucho que disfruté, pues, del aspecto artístico de la película: de sus ambientes inmensos, imponentes, vacíos de gente, llenos de acero y cristal. Así que mi relato, aunque surgiese de una idea muy previa a la película, inevitablemente bebió de esta durante la redacción posterior.

No solo en el aspecto estético. También en el trasfondo.

Nolan no inventó nada en Origen. El sueño como concepto siempre ha estado ahí: como premonición del futuro, como simple fantasía, como reelaboración de situaciones previas. O como cárcel de recuerdos. Recuerdos que revisitamos constantemente para no perderlos. Recuerdos de aquello que desapareció y queremos revivir.

La obsesión por mantener vivo un fantasma.

Somos todos prisioneros de nuestros recuerdos. Por eso, principalmente, funciona Origen. Porque apela directamente a los sentimientos del espectador y consigue que se vea reflejado en una historia de nostalgia pura. También de culpabilidad. Pero, ante todo, de irreparable dolor ante la pérdida. Origen no es sino una historia de sentimientos básicos y fundamentales. De amor más allá de la muerte; de amor que ya no está; y de recuerdos de ese amor que conviene dejar atrás.

Y, así, la catarsis de Cobb es la de todos aquellos que nos hemos sentido identificados con su adicción. Cobb es la auténtica “víctima” del origen. Es la intervención de todo su equipo, en mayor o menor medida, la que consigue que vuelva a la realidad. Y para ello ha necesitado descender al infierno (ya veo catábasis en todas partes), al Limbo, siguiendo ese arquetipo que lleva acompañando a la Humanidad desde que esta tiene memoria: la bajada para enfrentarse cara a cara con la Muerte, y adquirir el conocimiento que le permita regresar más fuerte, más sabio, mejor. Purificado.

Por eso es muy significativa su última confrontación con Mal. Cuando admite delante de su esposa (realmente, delante de la proyección de su propia culpabilidad) que ella no es más que un reflejo imperfecto de la auténtica mujer que amó en vida. Que no es sino una peligrosa sombra que le daña continuamente, martilleándole con ese familiar dolor de la nostalgia. Y que ya no tiene lugar en su vida; que, para volver a ser feliz, debe abandonarla junto a otros recuerdos. Pero nunca, nunca olvidarla.

Y es entonces cuando aprendes que los sueños son solo una pálida imitación de la vida, y que no compensa recrearse en las imágenes idealizadas de lo que ya no está. Imágenes que nunca podrán emular cada perfección, cada imperfección. Imágenes vanas.

He revisionado Origen en un momento muy necesario.

Siempre tenemos muchas Mal a las que dejar marchar.

Soy tan idiota que preferiría quedarme atrapado diez, veinte, cincuenta años en mi Limbo personal. Junto con ellas. Pero, al final, mis particulares Ariadne me ayudan a que descubra la verdad. Aunque duela.

“Estás esperando un tren. Un tren que te llevará muy lejos. Tú sabes dónde quieres que este tren te lleve, pero no sabes dónde te llevará. Pero no importa…”

Sabes qué haces, intuyes el dónde, el cuándo es irrelevante. Pero no sabes el quién; con quién. No diré que en esa incógnita reside el encanto de vivir; esa incógnita mata poco a poco con su incertidumbre. Origen jamás se plantea esta pregunta. Yo sí. Y sigo sin encontrarle respuesta. Pero solo hace falta tiempo.

Y soñar, cómo no.

_____________________________

(Mi relato guarda un secreto, por cierto. Muy pocos lo han interpretado de la forma correcta, y se han dado cuenta del pequeño pero significativo detalle que cambia por completo el sentido de la historia. Total, que ahí queda. Dispuesto a que cualquiera lo intente descubrir.)

Anuncios

4 pensamientos en “Estás esperando un tren…

  1. Pingback: Carácter y humildad | DESCENDIENDO DESDE ORIÓN

  2. Pingback: Glorioso día… | DESCENDIENDO DESDE ORIÓN

  3. Pingback: De dentro hacia fuera | DESCENDIENDO DESDE ORIÓN

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s