Maldita cultura general

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“Los contenidos culturales que giran en torno a la sensibilidad, el buen gusto y la distinción (conciertos, practicar con instrumentos musicales, aprecio de las artes, pintura, danza, arte teatro, artes visuales) son muy valorados socialmente. Sin embargo, cuando se introducen como contenidos del currículo para todos y todas (sic) se menosprecian, relegándolos a materias de segundo orden”.

José Gimeno Sacristán, catedrático de la Universidad de Valencia. En El País, 26 de noviembre de 2013.

Marcar una frontera tajante entre Letras y Ciencias es síntoma de una (inocua) limitación de miras. Plantear una dialéctica violenta entre ambas, arriesgado y poco productivo para el intelecto. Imponer la superioridad de una sobre la otra, supina estupidez.

No malgastaría mis teclas si las palabras ajenas no dañasen. Pero, por desgracia, son las falsedades e insensateces de otros las que nos han sometido al escarnio público; por desgracia, ya han conseguido incluso escalar hasta las más altas posiciones de poder, mediante las cuales han conseguido relegarnos al desprecio, al olvido, de manera oficial, a golpe de ley. Por desgracia, solo me queda venir aquí, en mi condición de “Letrista”, presa de un furibundo arrebato, para vomitar bilis. Hemos perdido la batalla, quién sabe si la guerra.

A pesar de que el campo nos era propicio: un mundo no mudo ni manco, una vida sostenida y desarrollada en sonidos y grafos, un individuo necesitado de realizarse en el contacto con el otro. De manera verbal o no verbal. Revelando en la cadencia de su decurso hablado y su caligrafía cuál es su procedencia, estatus social, nivel educativo, sexo, edad, cultura, capacidad de adaptación al entorno. Valiosa radiografía, ansiosa de acogerse en los brazos de quien pueda comprenderla.

Únicamente un experto en el lenguaje; ergo, experto en vida.

Pero, ¡qué digo! Valiente tontería. Todos el mundo sabe que carecemos de salida práctica.

Porque, ah, esa vulgar lástima de los otros nos margina hasta convertirnos en aquellos que han elegido la vía fácil; peor aún, la no meritoria, la vulgar, la vía estúpida. Es el Humanista, por lo que parece, el insensato que se acoge ya no solo a lo poco o nada práctico, sino directamente por debajo de la media. ¿Las “Letras”? Propias de intelectos limitados, mentes estrechas y conformistas que se resignan a saber muy poco. Inadaptados sociales. “Subnormales” (en el sentido etimológico estricto, entiéndanme: por debajo del estatus normal) sin remedio. Gente, en fin, insultantemente inútil. Felices en su propia simpleza. Morralla de baja estofa. Censurado hasta su derecho a soñar con rozar los pies de la élite indiscutible. Tan simples, incluso, que ni se lo plantearán siquiera.

Receptores, en fin, de un apelativo muy revelador: “letrasados”.

Ha triunfado una clasificación del conocimiento en estancos cerrados, en un sucedáneo de Guerra Fría no tan congelada. Maman los estudiantes de un nuevo sistema de amos y esclavos en el que triunfan los prejuicios y se abole el beneficio de la duda. Creen esos otros que solo basta la memoria para crear licenciados y expertos en historia, literatura, lingüística, sintaxis, filosofía. Nunca, ¡cómo imaginarlo!, en medicina, informática, matemáticas, biología, física, química.

He aquí la “cultura general”.

Odio ese término. Odio, más bien, las connotaciones que ha adquirido; cómo algunos desgraciados se han apropiado de él como arma de desacreditación. Es su vanidad la que nos arrebata la capacidad misma de ser materia de especialización académica. La que disfraza a las Humanidades de vacuo material de exhibicionismo, preciosa enciclopedia que nadie lee, a la que anega el polvo sobre la estantería. Per se, inmerecedoras de (innecesarios) estudios específicos. Simple “saber” complementario.

No sé si son conscientes de que en esa cruzada que nadie les ha pedido la verdadera víctima está siendo el Saber que tan fervientemente veneran. De que su política del gueto ha acabado creando alambradas que en realidad no existen. Que han sembrado las fructíferas semillas de la incapacidad de adentrarse en los terrenos del “enemigo”. Que han puesto trabas etiquetadas a la hambrienta inquietud, nunca condescendiente, tampoco autocomplaciente, que siempre vio un único tronco, y que ahora, famélica, llora. Que han relativizado y mermado al Saber convirtiéndolo en mera destreza de papagallos.

Craso error. Hay una diferencia enorme entre la enciclopedia andante y el experto. La envidiable acumulación de datos es necesaria. Pero ello no construye sabios. ¡Faltaría más! No, mis queridos críticos. Somos de Humanidades porque somos (o aspiramos a ser) profesionales del pensamiento, el arte, la literatura, la historia: la Humanidad.

Y sentiría lástima de tanta estupidez si no me escupiese directamente a la cara y me colocase encima la infausta etiqueta del retraso.

Nos hemos adaptado, a nuestro pesar, al rol de sufridor pasivo. Pero también pasivo es el que consiente. Pues basta ya. Que se levante de una vez el “Cientista”, y desprecie a los que te han colgado el injusto sambenito de prepotente villano. Que se rebele el “Letrista”, y los denuncie. Y no permitas que bloqueen tu camino. Tal vez no lo sepas, pero en verdad tienes más redaños que ellos, los auténticos simples.

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6 pensamientos en “Maldita cultura general

  1. “Somos de Humanidades porque somos (o aspiramos a ser) profesionales del pensamiento, el arte, la literatura, la historia: la Humanidad.”

    Creo que usaré ésta frase como lema, o algo de eso.

    • Muchas gracias 🙂 Los contenidos del blog, cómo no, son todo vuestros.

      Incidiendo, cómo no, en lo de “profesionales”: porque de las letras uno puede vivir, aunque no le dejen; tienen esa capacidad. Y porque uno puede ser experto en ellas, en cómo son, aunque haya quienes piensen que son juegos de niños.

  2. Enfrentar los estadios del Saber en esquemas contrapuestos y no en un Todo indiferenciado es, muy a nuestro pesar, nocivo y comprometedor. Y sin embargo, temo que no deja de ser una eficaz cortina de humo que enmudece y ciega la esencia del problema que subyace: (i) denostar el conocimiento (o la habilidad para adquirirlo, expresarlo, compartirlo) a cualquier precio, independiente de la rama y filiación; (ii) cercar la capacidad para actuar con reflexión crítica (¿o de qué modo es posible responder a la continua proliferación de magufos, vendedores de superchería, anumerismo, sectarismo de cabecera y vanguardistas de la cerrazón?); (iii) iconos mediocres, o falsos ídolos que denigran el necesario esfuerzo y la exigencia continua que precisan los retos; (iv) cortoplacismo, o miopía, de las decisiones imbuidas en votos y fotos de prensa; y (v) conformismo.

    Ahora, podemos gastar (juntar) letras en convencernos (que ya lo estamos) de la necesidad de las Letras, de las Artes, de las Ciencias y de todos aquellos saberes; clásicos, modernos o posmodernos. Podemos evacuar la bilis; que a veces es imprescindible para vaciarnos. Podemos llorar y aislarnos. Podemos mirar de soslayo. Pero yo, caballero, en mi ínfima entidad voy a seguir con pasión intentando abrir los ojos de mi minúsculo entorno. No lo entiendo de otra forma.

    Disculpe la injerencia y las divagaciones.

    Cuídense.

    • Efectivamente. Limitar el conocimiento a compartimientos estancos podrá facilitarnos nuestra aproximación a él, pero convertir a esta clasificación artificial en el campo de batalla entre fuerzas que nunca fueron antagónicas me parece, sin más, un acto de estúpida insensatez, que lleva únicamente a premiar un acto tan irresponsable como es el menosprecio a una rama del saber (sea cual sea).

      La ceguera del “letrista” hacia las ciencias es tan nociva y denunciable como la del “cientista” hacia las letras. Solo que esta última parece celebrarse en una sociedad que promueve comportamientos irresponsables; una sociedad basada en la utilidad inmediata del conocimiento. Y promover dichos comportamientos implica un peligro a medio y largo plazo del que todos esos “ciegos” no son conscientes. Pero ahí siguen, celebrando a carcajadas y con bromas crueles su supuesta superioridad. Cuando en realidad estamos en condición de igualdad. Y, por supuesto, “abrir los ojos” a la realidad, sea de “ciencias” o de “letras”, es fundamental.

      No hace falta disculparse: injerencias y divagaciones son aquí bienvenidas 😉

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