Hay un lugar

Caminé esta noche por la ciudad, la pequeña ciudad, intentando verla con ojos nuevos. Y lo conseguí.

Es difícil cuando has llegado al punto en que te permites el lujo de tutear sus calles, incluso aunque de ellas no conozcas sino un apodo en lugar de su nombre de pila. Pero es necesario adoptar la vista del extraño para poder apreciar todo aquel encanto subliminal que la costumbre se empeña en sepultar.

Y me ha acompañado un silencio que llevaba mucho tiempo deseando escuchar: mudos susurros de una villa condenada durante una breve temporada académica al abandono general, pero que se mantiene a la espera, sabiendo que pronto volverá a ella la vida que no es vida: el alboroto de la tópica fiesta, el vaivén de los pasos a ninguna parte, el griterío sin sentido alguno. Pronto respirará de nuevo, hastiada en este minúsculo yermo sin importancia, esta mancha en medio de la nada, donde sin duda incluso hay magistrales oteando la intimidad ajena en la cima de la Montaña; donde es fácil acomodarse, donde un feudo no confeso prefiere campar a sus anchas en una pecera pequeña antes que demostrar su nula valía en la hambrienta realidad más allá de nuestras inexistentes fronteras.

Pero amo a esta terrible ciudad. Sé que saldré un día de ella. Ahora sí, me lo pide el cuerpo, me lo exige el alma, me obliga el futuro. Necesito escapar de sus continuos dejá vù, de sus rostros que ocupan páginas de mi álbum de retratos huecos, de sus postales añejas convertidas en escaparates ante los que paso de largo. Necesito huir antes de que agote mis inquietudes en la indiferencia anquilosada.

Hay noches en las que la soledad es incierta, el silencio es tenso, la quietud acobarda a cualquiera; momentos en los que, cuando todo queda en suspenso, la espera es asfixiante, como la certeza de una incomodidad latente a la vuelta de toda esquina. Noches en las que, valga la recurrencia, la ciudad es cementerio. Ha habido muchas noches así estos días pasados, cuando la obligación nos ha recluido a todos. Pero no hoy.

Esta noche no estaba muerta, sino dormida. He acogido el silencio con ganas, y el silencio me ha correspondido. He detestado cualquier ruido, por ínfimo que fuese, que derrumbase esa ilusión repentina; cualquier sonido consabido de la sinfonía urbana que me devolviese a la certeza de toda una vida. He pretendido percibir la sutil calma con la que se desarrolla toda en una ciudad más despierta, más inquieta, más hambrienta de lo que siempre he creído, aunque sea de realidades autocomplacientes. He imaginado estar en la piel del que está de paso y duerme en el hotel creándose una instantánea sin relevancia del lugar y el tiempo, del que pisotea las calzadas antiguas y encuentra una joya monumental prácticamente desconocida para el mundo, del que estudia insomne y necesita despejarse en un sencillo paseo (y en buena compañía) con la fría atmósfera de invierno; del que reconoce la belleza de un hogar hecho para la calma, para lo tradicional, para la acogida. No para el riesgo.

Y con esos otros ojos he redescubierto el encanto oculto de estas calzadas ya resabidas que han gastado ya mi gusto, mi vista y mi oído. O tal vez no del todo. Tal vez haya sido la repentina sensación de libertad recién readquirida la que ha animado a mis sentidos, obligándoles a ver lo externo como por vez primera. Tal vez. O quizá, ahora que soy verdaderamente libre por unos pocos días, la comodidad de lo típico me ha recompuesto. Un instante de conocida calma no está tan mal, después de todo.

Sí, saldré un día. Descubriré el mundo que la provincia me censura. Pero esta noche, en calles vacías, la ciudad, la pequeña ciudad, me ha devuelto a la vida.

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2 pensamientos en “Hay un lugar

  1. Decía Bergson que el ojo solo ve, lo que la mente está preparada para comprender. Sería quitarle el “Yo y” al “Yo y mis circunstancias”. En definitiva, el escrito me ha ha encantado y me parece precioso, pero yo sigo de exámenes.

  2. Pues cuando los acabes aprovecha para dar un buen paseo por esa increíble Salamanca. No se me quita la sensación de que recoge toda la calma intrínseca a Cáceres pero inyectándole mucha más intensidad. Espero que la entrada haya servido como paréntesis al estudio ;-D

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