Mientras escribo | En este rincón llamado “blog”

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Para aquellos que gustamos de escribir, un blog se ha convertido en una tópica herramienta indispensable de autobombo y experimentación. Cerca de siete años escribiendo en ellos, por mi parte, son tiempo suficiente para aprender un par de cosas acerca de este mundillo. También, visto con perspectiva, para evidenciar una evidente y natural “evolución personal”. Años en los que todo ha cambiado.

Comencé escribiendo críticas. Tristemente, un largo episodio de sequía implicó el abandono de mi antiguo blog. Ya no era solo por falta de tiempo; en verdad, lo empleé como excusa para negarme algo más: no era capaz de escribir nada. No solo afectó al blog: tampoco conseguí ser constante en mi tarea sobre el papel (apenas terminé un par de relatos). Hasta que por fin algo hizo clic, tras dos largos años. Llegó el momento de retomar el vicio, bajo una nueva piel.

Y es que recuperar la escritura se convirtió en una necesaria catarsis personal en la que llevo ya otros dos años. Y aquí estamos. Tras doce meses de escritura continua -pausada, pero ininterrumpida- en un “nuevo” blog que por fin puede decir que ha construido sus bases. El resultado salta a la vista: unas cuantas entradas publicadas, y borradores que se me acumulan y auguran, como mínimo, otro año más de actividad manteniendo el ritmo actual.

Tiempo de sobra, también, para ir depurando defectos y configurando un estilo propio. Es necesario. En un blog nos “desnudamos” frente a todo el -ya no tan- inabarcable mundo exterior, lo que asienta en nosotros una responsabilidad implícita sobre lo que escribimos.

Lo cual es mucho más acuciante en un medio tan zalamero como este. En tiempos (como todos, al fin y al cabo) de malas letras, la red ha abierto la veda: todo se ha vuelto válido, todas las manos son bienvenidas.

El blog, en sí, es morada impune de textos imperfectos. Y su mayor ventaja, la publicación sin freno ni criba cualitativa, es a la vez su mayor defecto. La propia naturaleza de la red, infinita, no favorece el autocontrol, la educación en la concisión. Y aquí me toca hacer examen de conciencia, y reconocerme como reiterativa víctima y perpetuador de la redacción hinchada, reduntante y aburrida.

Pero no concibo este blog como un medio de promoción, sino como vía de escape. Esto, más bien, es mi rincón público. Donde me gusta venir de vez en cuando, recrearme escribiendo, depositar unas cuantas ideas, y marcharme. Dejándolas aquí, fijas.

¿Dónde están mis credenciales? En ninguna parte. No tengo títulos, ni enseñanzas, ni cursos o talleres; no hay cualificación alguna. Solo tengo la (escasa) experiencia. El resultado de un tiempo como lector, melómano, cinéfilo, escritor, analista. Todo teoría, poca práctica. Ambas facetas aún en proceso, un bagaje cultural que crece poco a poco. Solo soy un observador que opina. Como tantos otros en esta red de redes. Sin autoridad ninguna, salvo la que otros me quieran dar. Cosa que dudo.

Analizo, aun con las escasas herramientas que poseo. Pero igualmente escribo. Para todos vosotros, evidentemente (un solo receptor agradecido es más que suficiente). Pero en primer lugar para mí mismo. Porque el único medio que tengo para aprender a argumentar y razonar es escribiendo mis tentativas de argumentos y razones, viendo si en el decurso de mis palabras cobran sentido o no son sino un galimatías. Si en ellas, en fin, puedo o no sostenerme. Escribo para así, poco a poco, conseguir que estas tengan valor.

Escribe, en fin, una mano poco relevante en un taller sin importancia sobre temas insustanciales. Inquietudes, aun así, que necesito plasmar en estas infumables entradas.

Esto, en definitiva, solo es el reflejo de un proceso. Y estoy satisfecho con este pequeño rincón.

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Excusatio non petita, acusatio manifesta. Lo sé. Pero aquí queda. Por si acaso.

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4 pensamientos en “Mientras escribo | En este rincón llamado “blog”

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