El juego

elecciones

Fuente: elpais.com

Y qué me puedo esperar.

Todos salen a la calle con estupendos proyectos. Pero a la hora de la verdad, a día de hoy no he encontrado a ninguno que sea realista (tal vez no lo saben, o tal vez, y esto tiene delito, no quiere admitirlo de cara a un electorado manipulable y con el que se sienten impunes a la hora de mentir). Y  cuando entran en el juego todos esos grandes ideales se vienen abajo. Aunque siempre les quedará la retórica para mantener resignada (y hasta agradecida) a su respectiva masa de devotos.

No he visto a ningún jugador que actúe coherentemente, y sea capaz de organizar un proyecto de partida que busque los mayores beneficios aun a pesar de los condicionantes externos impuestos. No estoy hablando de resignación: eso consiste en considerar que los desmanes forman parte del juego, y que no nos queda más que doblegarnos a ellos. No, ni mucho menos. Creo, más bien, que un jugador solo tiene valor si es capaz de jugar aguantando el chaparrón mientras lucha sin descanso para desenmascarar esos abusos, demostrar que la partida puede (y debe) seguir adelante sin trampas y cambiar las reglas.

Claro que las opciones minoritarias son necesarias: son las únicas que pueden articular dicho cambio. Ahora bien, jamás les daré el valor de mi voto de buenas a primeras. En casi todas estas propuestas ilusionadas y recién paridas que asaltan los medios con discursos optimistas veo solo populismo, idealismo, rencor acumulado o incluso irracionalidad. Con ellas prefiero concederles el befeficio de la duda: veremos si con el tiempo no solo mantienen sus ideales, sino que siguen combatiendo a brazo partido para sacarlos adelante.

Porque el juego fagocita. Es cruel y despiadado, y los grandes partidos, los monstruos acomodados, no dejarán actuar impunemente a quienes pueden pincharles la burbuja (o simplemente amenazar su estatus, aunque sea levemente). Por eso mismo, solo contarán conmigo los supervivientes.

Me descojono quienes critican, por ejemplo, a los “perroflautas” citando las “maravillas” del libre mercado. Al igual que con quienes rechazan a los “señoritos” alabando las ventajas del “comunitarismo”. Aplaudo sardónico cuando les veo atacar al contrario con sesudos y racionales argumentos del tipo “nos llevas al tercer mundo por la puerta grande” o “impides la libre voluntad de los pueblos”. Me encanta verles a todos ellos, cada uno proponiendo sus propias utopías bajo la falaz ilusión de que se sostienen sobre una visión realista de la incontrolable naturaleza humana y sus sinsabores.  Cuando, en verdad, ambos creen en cuentos de hadas.

Será que es que tengo enraizada la certeza de que lo que de verdad importa, lo que de verdad mueve este mundo, es el poder. El ansia de poder. Y es un ansia mezquina, que solo emplea la ideología como fachada. Y las relaciones que podamos establecer en este mundo, sea cual sea el sistema que adopten, son siempre al cobijo del que sostiene ya no solo la maza, sino el capital. Esa es la verdadera naturaleza humana, y todo intento por controlarla está condenado a fracasar.

Así que, si vamos a ser realistas luchando por lo imposible, hagámoslo teniendo en cuenta lo inapelable. No me valen soluciones transversales que simplemente actúan como crítica exacerbada (necesaria, eso sí) pero falta de sustancia, ideología, proyecto político. No me valen populismos. No me valen extremismos. No me valen idealismos. No me valen resignadas cobardías. Solo acepto realismo: que quien se apunte a la partida sepa cuál es el tablero, cuáles son las reglas y cómo manejar la baraja, la ficha, el dado. Solo así es posible formar estrategias con las cartas que caen en suerte; la habilidad política viene (debería) ya de serie.

Soy terriblemente escéptico, incluso idealista. Estoy planteando un sistema idílico. Solo es que, por una vez, querría ver un juego en el que tuviese la mínima certeza de que quien participa lo hace con cabeza. A día de hoy, sigo esperando.


front-national

El caso es que leo que LePen ha conseguido una aplastante victoria en Francia. Tierra de libertad, igualdad y fraternidad. Libertad, sí, pues solo el voto sin trabas ha permitido esta situación. Pero no es auténtica: citando a Sampedro, solo el que tiene libertad de pensamiento tiene libertad de acción, y en Francia la igualdad y la fraternidad han sucumbido ante las armas de una variante más de la irracionalidad.

Otra vez se alzan los partidos de retórica hueca e ideología cobarde y oportunista. Capaces de aglutinar en su endeble (inexistente, más bien) ideario todo tipo de medidas de ambos extremos. No hay proyectos concretos porque no los necesitan: solo precisan de envoltorio efectista y poder de sugestión de masas. Todo vale, y nada a la vez. Solo han de despertar un sentimiento visceral e irracional que empuje a las masas al voto ciego.

Todo extremismo es rastrero y deleznable. Todos son el verdadero problema, la muestra definitiva de que la democracia ha fallado. Pero el suyo es el peor. Jamás mira adelante, sino que pretende perpetuar los beneficios de una casta aristócrata. La misma que ahora promulga el antieuropeísmo es la misma que no dudará en negociar con los europeos si eso les permite coser las rasgaduras de sus bolsillos. Hipócrita fraternidad.

Mientras, la población recibirá otro mensaje: sus orwellianos cinco minutos del odio. El enemigo siempre será el otro. Olvidad a Hitler, desechad el tópico: las reglas del juego han cambiado. El peligro no son los auténticos neonazis de Grecia, que no dudan en exhibir su ideario y por eso son fácilmente repudiables. El peligro está más cerca de lo que creemos. Ahora nadie propondrá Soluciones Finales explícitas. Ahora, sencillamente, las decorarán e, inconscientemente, nos las harán tragar.

Dicen que no son racistas, pero un simple análisis de sus discursos nos revelará lo contrario. Despiertan odios ilógicos, se miren por donde se miren. Saben que Francia podrá caer víctima de la crisis, y ante ese miedo latente reaccionan con la mejor arma: movilizar al electorado. Y su arma es el “nuevo racismo”: ese que no reconoce su propia naturaleza, que esconde su desprecio a lo ajeno bajo significantes aparentes que ocultan torpe pero eficazmente significados desoladores.

Pero a mí no me engaña su discurso con apariencia de sentido común. No me engaña un partido que el día de mañana seguirá dilapidando la igualdad, y perfectamente podría declararme, si le conviene, el nuevo enemigo del estado, el sentido común, la moral y la decencia. En mi natural odio a todo extremismo disparanucas, me aterran especialmente aquellos que establecen su enemistad en base a la naturaleza del individuo más que a su ideología. Mañana cualquiera podría ser un crucificado más.

Y lo peor es que el engaño ha funcionado otra vez. Aunque poco les importa.

Cuando son la misma mierda que cualquier otro partido que juega en los mismos términos. Los mismos burócratas ansiosos de poder que canalizan el descontento del electorado solo para conseguir subir puestos y alcanzar la gloria de la silla de mando. Me da igual quién suba, cuál sea su color, si compra en el mercadillo o en Cortefiel. En Europa hemos permitido que la insensatez vuelva por la puerta grande. Para los que están abajo solo quedarán las migajas.

Eso sí, mierda disfrazada con una bandera, un himno y consignas que apelan a lo más profundo de cada uno: nuestra identidad.

Bienvenidos, pues, al circo de Europa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s