Heroica burbuja de oro

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Vía comicsalliance.com

Miren esta imagen, y no la olviden. Ya quedaron atrás los tiempos en los que una película de Spider-man parecía casi imposible, el regreso de Superman un sueño y llevar Watchmen a la gran pantalla una leyenda urbana. Miren la imagen, y no permitan que les sea indiferente: sientan pánico, hastío, curiosidad o un pseudo-friki-orgasmo, lo que sea. Pero no sean ajenos a lo que está por venir: a la implantación definitiva del fenómeno, el paso de gigante de un género en imparable expansión, el hito más grande que el cine comercial ha visto nunca.

Casi 40 películas de superhéroes llenarán nuestras pantallas durante los próximos seis años. Cuatro competitivos estudios peleando a destajo por una porción de un pastel cada vez más apetitoso y pequeño. Universos que por fin se han vuelto conscientes de su propia coherencia interna y se han asentado en el conocimiento colectivo. Entretenimientos masivos que apuestan decididamente por la escalada en la espectacularidad . Un público que al fin parece saber lo que quiere y discrimina las expectativas insatisfechas. Un género que no busca la relevancia. Un modelo de negocio al alza. Bienvenidos.

Sabréis que soy un defensor a ultranza de la cultura popular. No me voy a extender más sobre ello: simplemente reivindico la dignidad del cine de espectáculo. He crecido con él, e intento buscarle un lado sesudo que otros se esfuerzan en negar. Incluso se revaloriza aún más en la mutable contemporaneidad: desde el mismo momento en que recoge, procesa, canaliza y radiografía el fluctuante gusto popular, tan sujeto a impredecibles variables históricas y sociales. Y me parece fascinante analizar este continuo diálogo entre medio y producto, a través del consumidor masivo que es a la vez productor y destinatario.

En este sentido, el cine de superhéroes se ha convertido en pieza fundamental a la hora de materializar y condicionar al mismo tiempo estas tendencias. Todo comienza hace ya quince años, cuando las primeras películas de X-Men y Spider-Man se convierten en taquillazos que demuestran al público, por una parte, que el cómic ya tenía los medios técnicos suficientes como para presentarse en cine con una apariencia más que decente, y a los estudios, por otra, que tenían entre manos un filón económico muy jugoso. Se buscó entonces más el éxito inmediato que el asentamiento de un público fiel y de un género en sí, autoconsciente, independiente, con reglas propias. Tuvimos Hulk, Daredevil, Ghost Rider, Superman, X-Men 3, 4 Fantásticos, y otras: películas titubeantes, pasables cuando no deleznables, de la mano de directores que desconocían el medio fuente -el cómic-. Por contra, tuvimos también los primeros experimentos: el contenido social de los X-Men de Singer, el tono desenfadado de los Spider-Man de Raimi; películas irregulares a veces, ahora desfasadas, pero que asentaron muy bien los cimientos y dejaron algunas píldoras que demostraban que había algo grande en ciernes.

Los tiempos han cambiado en estos años. La temática friki no fue una moda pasajera, sino que se erigió como modelo de vida ya no marginal sino abierto, orgulloso, imitable. Los espectadores niños al comienzo de la moda crecían, sin abandonar por ello las salas de cine. Los estudios no dudaban en inyectar cada vez más dinero a estos productos comerciales, para combatir el explosivo auge de otros medios audiovisuales (televisión, internet) que amenazaban con destruir su hegemonía. La crisis estallaba en nuestras manos, y la respuesta fue apostar por películas cada vez más ambiciosas. Llegaron Nolan y Whedon, y con su madurez pretenciosa o su alegría “camp” establecieron el primer punto de inflexión. Y a partir de entonces lo vimos claro: no había marcha atrás.

Los superhéroes en cine tienen ya un pasado del que han aprendido y una visión de futuro clara. Saben que es su momento, que todo es posible, y han construido (o están en ello) sagas ya no solo autoconcluyentes, sino perpetuadas por sus relaciones con otras sagas. De la trilogía estamos pasando a la saga-río: esta es la tendencia actual, fruto de la codicia desmesurada de los estudios y del apetito voraz de los espectadores. DC/Warner está jugando con retraso; Marvel tiene ya el edificio construido y en cinco años nos ofrecerá a treinta superhéroes en pantalla, sin derrumbarse. Esto es un prodigio ya no solo de visión empresarial, sino también de construcción narrativa de una continuidad colosal inédita en el cine popular. Esto, y no me tiembla la voz cuando lo afirmo, es Historia del cine, y se está escribiendo ahora mismo.

Pero echen ahora un vistazo a la lista de películas más taquilleras de la historia. ¿Crisis? ¿Qué crisis? Los grandes números se concentran en los últimos años. La carrera es frenética, la burbuja se está creando: terminará por pincharse. Los géneros solo perduran valiéndose de continuas renovaciones formales y temáticas. Ahora mismo vivimos una, pero pronto será necesaria otra mucho más radical: en tiempos caóticos, cambios instantáneos. Tal vez veamos en el futuro la fusión definitiva entre el cine de autor y el comercial, o el empleo de herramientas experimentales en el entretenimiento. Son solo suposiciones: por ahora, lo que tenemos son claros síntomas de sobresaturación. Se ha evitado el Apocalipsis del 2015, pero es solo un parche temporal: por imperativo económico, si varias películas con espíritu rompetaquillas coinciden en un mismo período, alguna tiene que caer. No es sostenible mantener durante diez años un modelo de negocio basado en el gasto masivo: esto no es un western de presupuesto irrisorio que se permita el lujo de ser serie B; esto exige profesionalidad.

Y, como dicen, cuando esto estalle nadie se habrá dado cuenta hasta que no tengan las manos manchadas.

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8 pensamientos en “Heroica burbuja de oro

  1. Qué buena imagen-resumen, te la robo pal facebook.

    El problema de la crisis artística y de taquilla del cine es que se obcecan con sobrevivir tirando de un par de grandes taquillazos, descuidando el resto de estrenos. Ya no hay cine adulto, cine que no se supedite a los efx, thrillers pausados… La maduración del cine de superhéroes (quién iba a soñar con un thriller como “El soldado de invierno” hace cinco o diez años) al menos garantiza que esos taquillazos sean decentes e inteligentes, porque tela si nos limitamos a tonterías como Transformers: una vale, pero a la cuarta ya es hipercansina.

  2. Efectivamente: la competencia está tan desesperada por triunfar que por eso mismo no dudan en gastar cantidades astronómicas en estas películas. Ahora tienen que competir con el streaming, la Edad de Oro de la TV, las nuevas generaciones de consolas… los gustos cambiantes de un público que ya no tiene por qué ir al cine. Por lo menos, si el cine se ha constituido como género es gracias a esos directores que le han hecho madurar, como señalas: de no ser así, no estaríamos en la situación de ahora, con estudios que no dudan en arriesgar con estas películas (cuando hace 10 años eran otro tipo de “blockbusters” más).

    Viene bien que saques el tema de Transformers: yo tuve que descolgarme en la segunda. Menuda estupidez.

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  4. “Esto, y no me tiembla la voz cuando lo afirmo, es Historia del cine, y se está escribiendo ahora mismo.” te he visto decirlo, dar un trago y golpear la mesa con el vaso de cerveza, con las piernas cruzadas y terminar la acción mirando a otro lado para que el publico tenga un par de momentos para pensar lo dicho. Estoy totalmente de acuerdo, estamos en una época divertida.

    • Jajajaja Pues sí, no andas muy equivocado. A veces hace falta soltar afirmaciones así de tajantes para que a la gente le quede claro 😛
      Y por mí, que siga esta época tan divertida. Pero que no se estrelle demasiado fuerte, o nos salpicará a todos.

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