Carácter y humildad

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AVISO: revelo detalles cruciales del desenlace de la película.

Las comparaciones entre Gravity e Interstellar son odiosas. Inevitables, por cuanto a que ambas comparten contexto, temática, productora y temporada de estreno. Pero nada más. Comparamos por pura necesidad, para comprender lo nuevo en términos de lo viejo. El proceso, por tanto, debería ser enriquecedor, acumulativo en lugar de contrastivo: me aburre el innecesario debate sobre cuál de las dos es mejor; detesto tener que entrar al trapo de otras menciones a Kubrick, Contact y otros iconos de la ciencia ficción; prefiero, en fin, comparar si eso me sirve para argumentar hasta la saciedad por qué, con Interstellar, Christopher Nolan ha dado un importante paso en su evolución como cineasta, por qué es una de las producciones recientes más destacables de su género, y por qué este género es sin duda alguna el depositario ideal de algunos de los relatos más profundos que se han realizado.

Me maravilla el “cine espacial”, etiqueta personal que considero menos oscura que la polémica “ciencia ficción”. Donde otros sienten pavor y angustia, yo quedo enmudecido por la solemnidad e inimaginable inmensidad del cosmos. Es el único género que acepta cuestiones existenciales sin patochadas dogmáticas, porque nos enfrenta objetivamente a la certeza incuestionable de nuestra insoportable pequeñez. Aviva así nuestra imaginación, pues, como dije en otra ocasión, la épica espacial, ficticia, aún está lejos de ser la base de nuestros relatos identitarios; pero una vez la ciencia nos arrojó a la metafísica sin respuesta del punto azul, los misterios sobre nuestra existencia adquirieron por primera vez forma palpable, no abstracta, no mítica, y nuestros relatos, aunque nunca puedan liberarse de la ficción (por suerte), encuentran en el espacio exterior su mejor escenario.

Interstellar, por mucho que Nolan le aplique su consabida mecánica cerebral, no tiene miedo a ser inverosímil. Sus personajes argumentan constantemente, los conflictos se sostienen sobre un buen puñado de teorías astrofísicas detalladas obsesivamente, y todo tema y recurso tiene que estar justificado, cuantificado y convenientemente localizado en el desarrollo de la trama. Pero al mismo tiempo se lanza a lo desconocido proporcionando manifestaciones plásticas de fenómenos que a día de hoy nuestros sentidos no han podido comprobar: agujeros negros, agujeros de gusano, galaxias lejanas, nuevos planetas, teseractos pentadimensionales. Estas dos horas y media corren el riesgo de venirse abajo y convertirse en una aburrida (y fatalmente adaptada a las necesidades del público) lección docente, de no ser porque se atreve a ser lo que debe como cinta espacial: una aventura, un viaje. Y sustentado en el motor primero y último de todos nuestros relatos: el amor.

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Se preguntan en este imprescindible debate sobre la película por qué se critica con especial virulencia el componente emocional de la trama; por qué somos reticentes a que el amor, espiritual, reciba una justificación científica, que prejuzgamos como fría y mecanizada. Nada más lejos: como seres humanos, jamás podremos renunciar a la belleza. Nos mueve a encontrar significados donde no existen, relevancia donde objetivamente solo hay materia y datos. Nos mantiene vivos. Y Nolan, evidentemente, no ha creado esta necesaria conjugación entre ciencia y humanismo, pero sí que nos ha ofrecido una nueva manifestación de fusión exitosa. Aun en la inmovilidad de las leyes científicas podemos encontrar material de trascendencia para nuestras historias.

En Interstellar las temáticas del explorador y del héroe se unen. Asistimos a la emocionante incertidumbre implícita al descubrimiento de otros mundos que cuestionen nuestras “verdades”; también a las durísimas implicaciones de quien antepone la supervivencia de la identidad (de toda la Humanidad, en este caso; las naciones, credos y razas ya no importan) a su propio interés individual. Es un relato desolador, un magnífico retrato del sacrificio. El amor se convierte en una fuerza mensurable y lógica, sin perder ni un atisbo de su fuerza emocional. Pero la tesis de Interstellar es que nosotros, como especie, al lanzarnos a lo desconocido en la aventura más grande de la Historia, nos vemos obligados a llevar el ideal comunitario a las últimas consecuencias. El amor entre un padre y una hija es necesario, pero utilitariamente es solo puente, catalizador de los medios de salvación humana. Debemos supeditar nuestro egoísmo evolutivo, nuestro instinto de supervivencia, a una escala global. El sacrificio que se debe realizar a cambio es demoledor: el padre que, como héroe, debe conformarse con volver a ver a su hija justo cuando ella está a punto de morir, y los estragos de la relatividad temporal son aún más patentes.

Pero así es como debe ser: Interstellar es valiente por no pretender un giro final optimista, un feliz e imposible reencuentro en el pasado, que rompiese con las leyes de la lógica narrativa. Las consecuencias del pensamiento racional son las que son, por mucho que sus causas las sostenga el amor. De todas sus virtudes (que me darían para hablar durante muchas más parrafadas), me quedo con estas. Interstellar sueña con los pies en la tierra, siente con la cabeza. No son opiniones contrapuestas. Nolan, el que en Origen nos daba disfrutable y revisitable pero efectista entretenimiento, firma aquí su película más madura. Por comedida, autoconsciente y atrevida. Por mirar sin complejos hacia las estrellas.

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6 pensamientos en “Carácter y humildad

  1. Yo salí del cine flotando, diciendo que era la mejor película que he visto en mi vida. La reposé y la vi otra vez y le saqué fallos. Pero eh, sigue pareciéndome una obra maestra. Tú que me lees sabes que eso no lo digo a la ligera. Podré citar pelis “más redondas” (todo subjetivado a mi experiencia… y a este momento), pero pocas: Casablanca, Seven, American Beauty, Aliens, Terminator 2…, alguna desconocida tipo Hijos de los homres… pero no películas que me impactaran tan dentro de mí. Y qué coño, a ti que te va el cine conoces lo agujeros de clásicos como Alien y La diligencia 😛
    Es una experiencia única. No se ha vivido algo así desde 2001 (porque Star Wars no fue tan filosófica), Estoy convencido de que el tiempo la pondrá en su lugar de clásico inmortal del cine. No lo ha hecho ya por lo de siempre, porque es cf, y encima inteligente. Y también tiene el tema opuesto: Nolan es mu listo y sabe vender, tiene un tono comercial, y por lo visto “eso es malo” cuando vas de serio.
    En fin, que he intentado escribir una crítica desde que la vi y no fui capaz. Tengo párrafos enteros que rehago cuando los vuelvo a leer, y tal y tal. Pero sí, me obligaré a publicar algo, cuando pasen las fiestas/trompas xD

    Un gran saludo, y felices fiestas.

    • Felices fiestas a ti también, Warren. Cuidado con las fiestas, a ver si te respetan más que a mí XD

      A mí me ha pasado lo contrario: la vi por primera vez y encontré fallos; la volví a ver, y me quedé mucho más satisfecho, y aunque los fallos siguen ahí, los aciertos son tan intensos que convierten a la película en algo redondo. En mi caso, las películas que van ganando a cada visionado son las que luego recuerdo: Casablanca, Blade Runner, Muerte entre las flores, El show de Truman, Jungla de cristal (:P)… y me dejo unas cuantas. Errores tienen hasta los clásicos: el punto medio entre lo inverosímil y lo que tienes que aceptar como parte del pacto de ficcionalidad es muy endeble.

      Creo que Nolan ha firmado su obra maestra, porque es la que aguantará el paso del tiempo: la trilogía de Batman será recordada más por el personaje que por su calidad (y eso que en conjunto es tremenda), Origen es un capricho espectacular pero poco perdurable; pero esta Interstellar es una película personalísima, abierta a relecturas y comentarios. Es una película equilibrada en lo inteligente y comercial, como dices, y un paso adelante importantísimo en la evolución de Nolan como cineasta. Seguiremos hablando de ella durante mucho tiempo, estoy convencido.

      Me alegro de que te llegase tanto. Lo que he publicado es un segundo borrador, y ni siquiera es la mitad de lo que me gustaría decir sobre esta película. Yo, como te digo, sé que a cada vez que la vea me llegará todavía más, y eso, saber que lo mejor está por llegar, me encanta 😀

  2. Hola, Alberto. ¡Feliz año!
    Tu crítica de ‘Interestellar’ me ha parecido genial, creo que has dado en el clavo con los aspectos positivos, que no son pocos, y eres el primero al que escucho (leo, más bien) reivindicarla también como película de aventuras. Parece que esa etiqueta no gusta a determinados comentaristas, como si fuera un género menor. Dicho de paso, me gusta esa etiqueta personal tuya de ‘película espacial’. Aunque en este caso no creo que haya discrepancias en cuanto a catalogarla como obra de ciencia-ficción. Así como ”Origen” no me acabó de gustar, pues vi en ella una trama pretenciosa (o demasiado cerebral, pero sin la brillantez de ”The Prestige”, en mi opinión) que no conseguía creerme, con esas premisas fuertes sobre la mente humana y los sueños, ‘Interestellar’, a pesar de las apariencias, de sus agujeros negros y mecánica cuántica, es digerible en todos los sentidos. Una película redonda, de ciencia-ficción y aventuras. Todo un tributo al gusto por la ciencia y el progreso científico que trae a la mente la consabida frase medieval que siglos después creo que parafraseó Newton – o al menos a él se atribuye también -: hemos llegado hasta donde hemos llegado porque nos hemos subido a hombros de gigantes. Puestos a ver alguna cosa negativa – y esto es una pijadita personal -, me pasa en general con las películas de Nolan, respecto a su estética narrativa, que el montaje rompe el ritmo en determinados momentos, como temiendo que el espectador se aburra viendo un plano fijo durante medio minuto. Con toda la belleza que aporta este director, es una pena que use tantos primeros planos. Se echan de menos más planos generales. Pero lo dicho, es cosa de gusto personal. La película me encantó, salí del cine con una sonrisa de oreja a oreja.

    • ¡Buenas, Raúl! Gracias por pasarte y comentar, y me alegro de que te haya gustado.

      Aquí otro fan de Nolan, al que le encanta su trilogía de Batman (que vi hace un par de días del tirón y sobre la que ya hablaré por aquí), disfrutó con “Origen” (aunque, como dices, es más endeble, pero en su momento flipé muchísimo y hoy todavía me entretiene) y tenía como su mejor película “El truco final”. Pero creo que esta “Interstellar” le quitará el puesto.

      Sobre todo, para alguien como yo que no tiene mucha idea de ciencia, estas películas me sirven como excusa perfecta para irme adentrando en los temas que plantea. En ese sentido, el debate sobre su exactitud me parece innecesario: es una película bien documentada, por lo que cuentan los expertos, y sirve como medio de divulgación científica, no como sesudo artículo de “Science”. Sigue siendo una película de aventuras, y coincido contigo en que la tirria que la crítica “especializada” (y elitista, todo hay que decirlo) tiene hacia el cine de aventuras es bochornosa, ya que parecen olvidar que la aventura es el principal recurso que ha articulado nuestras historias desde siempre.

      Sobre los planos de Nolan, lo cierto es que no sé por qué no cambia su montador de una vez. Sí, le ha dado buenos resultados cuando rueda cintas de acción, pero siendo él un director que crea planos vistosos, y además sabiendo que suele rodarlos mucho más largos de lo que aparecen en pantalla, debería darles un voto de confianza. El otro día, viendo la tercera de Batman (que tiene para mi gusto algunos de los mejores planos de toda la trilogía), me llevaba las manos a la cabeza: los planos buenos se quedaban en instantáneas, y el montaje de las escenas de acción fallaba por todas partes.

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