El espía que resurgió del recuerdo

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No soy “bondiólogo”, que conste, pero lo intento. Como otros muchos críos, disfruté (y disfruto) con algunas películas de Connery, Moore y Brosnan; Dalton a trozos, y Lazenby lo desconozco. Me gusta Craig, por otra parte. Y poco más. Por eso dejo a los verdaderos expertos -esto es, los lectores devotos y cinéfilos obsesos-, la única voz autorizada en un debate ya superado, que opinen sobre la idoneidad del actor para el papel. Ese “bruto”, “rubito” de ojos azules que, sin embargo, encajaría perfectamente en el espía frío, violento y directo que ideó Fleming: un héroe idóneo para una época igual de fría, violenta y directa, marcada por el soviet ya extinto, aún añorada por ciertos fans nostálgicos.

Esto, sin embargo, no me imposibilita opinar tranquilamente sobre la evolución de la veterana saga, intentando enfocar cada película o fase desde su propio período. El gusto ha de ir aparte: lo que interesa con personajes tan maleables -y por tanto poderosos- como James Bond es que, independientemente de que no todas sus versiones han perdurado con igual fortuna, todas (el caballero, el bufón, el majete, el ejecutor), bajo su peculiar contexto, pueden justificarse.

En Skyfall tenemos suerte. Corríjanme si me equivoco, pero no recuerdo otra película en la saga que fuese consciente de estar sentando cátedra y reconstruyendo de forma tan clara el personaje, aportando los últimos coletazos argumentales tras dos películas a cada cual más peculiar: Casino Royale, por ser una suerte de “Bond Begins” tremendamente entretenido, y Quantum of Solace, por rematar ese prólogo entre morralla monótona. Y Sam Mendes, ante la responsabilidad numérica de una tercera entrega con Craig, ha de darlo todo por imperativo nostálgico, continuista, transgresor y redefinidor, todo en uno.

Durante buena parte de su metraje, Skyfall no dista mucho de ser una película prototípica de James Bond: localizaciones exóticas, exageraciones increíbles, diálogos rimbombantes, acción disparatada y némesis megalómana. Y de pronto pega un volantazo: cambio de guionista, nuevo tono, y una película de corazón palomitero y envoltorio profesional (esa banda sonora, esos planos, ¡esa fotografía!) sitúa al personaje en un descenso a los infiernos emocional: un viaje psicológico hacia sus propios traumas infantiles. Y tal vez Bond, como arquetipo, no necesitaba una explicación de su génesis, pero este Bond, pedestre, lo exige.

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Era necesaria la reinvención: no tanto porque la nueva generación necesitaba un Bond a rebufo de héroes de acción del momento tipo Bourne, sino porque no le basta con el ya gastado recurso de “mismo personaje, cara nueva”; necesita sentirse dueña de las historias que a partir de ahora constituirán su propio acervo colectivo de héroes, hazañas y aventuras. Más aún: exige que esos héroes sean imperfectos, sufran, duden y demuestren su mortalidad; aunque de forma estilizada, limpia, sin más polémica moral que la que nos hace creer tras los títulos de crédito que pensamos en grande, pero sin derrumbar nuestros pilares ideológicos. Ahora ponerse al día tras 22 películas es, nos guste o no, complicado. Y con esta solución, tras cincuenta años los “viejos” seguidores seguirían teniendo su dosis de acción al servicio secreto de su majestad, mientras que se fabricarían otros “nuevos” que verían la saga como recién creada.

Por eso Skyfall es hasta tres películas en una. La cinta para el espectador clásico, que encontrará numerosos homenajes por el 50 aniversario del personaje; la aventura de acción frenética con villano pirado, para el espectador que busca diversión; y el relato de exploración psicológica del icono, para el nuevo espectador que necesita orígenes traumáticos. Sus explícitas y reiteradas referencias a la vejez contra la juventud no son casuales. Le cuesta, eso sí, encontrar el equilibrio entre tantas variantes, y por momentos puede chirriar: evidentemente, no puede contentar a todo el mundo. Ese Silva encarnado por un convincente Bardem, por ejemplo, titubea como villano demasiado afectado por las reescrituras, en quien la demencia no puede justificar el caos en su construcción narrativa.

Por contra, cada una de las diferentes películas que Skyfall encierra guarda las suficientes virtudes como para que esta mezcolanza me parezca, en conjunto, un muy disfrutable hallazgo. Exitosa maniobra comercial, brillante reinicio de la saga, eficaz equilibrio entre extremos: tenemos ya a un nuevo James Bond, perfectamente delimitado, fabricado y envuelto para que el nuevo público lo reciba como le venga en gana. A pesar de la tardanza (siete años desde Casino Royale), objetivo cumplido. La misión, no obstante, aborda ahora su fase más compleja y peliaguda: asentar su relevancia. La prueba de fuego llegará este año con Spectre, cuando nos toque comprobar hacia dónde va este nuevo Bond, si este largo proceso da sus frutos y James Bond, deudor de su pasado pero ya relativamente libre de él, hoy tiene algo que ofrecer. Puede ser mucho. Yo confío.

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7 pensamientos en “El espía que resurgió del recuerdo

  1. A mí me flipa muchísimo Skyfall, y no entiendo las críticas tibias que tuvo.
    Gran parte es por la dirección de Mendes, pero el guión también está más cuidado,
    Además parece que han aprendido del error de Quantum of Solace y seguirán con Mendes y cuidando la serie. No puedes hacer una peli bien currada y pensando en el reinicio de la saga (Casino Royale) y esperar que el siguiente capítulo salga bien por arte de magia.

    • Críticas tibias por parte de los fans acérrimos y algunos espectadores, porque por parte de la crítica especializada fue un exitazo. Aparte de que es el capítulo de la saga que más taquilla ha conseguido: eso es porque algo salió bien, no pueden inflarse tanto las cifras (y encima sin 3D) si el boca-oreja no va bien.
      Yo tengo mucha confianza en “Spectre”: vuelven los dos guionistas de “Casino Royale”, que ahí les fue bien pero la pifiaron en “Quantum”, y que estoy seguro que firman las partes más pirotécnicas de “Skyfall”; y también vuelve el mismo guionista que me apuesto lo que sea a que aportó todo el tramo final de esta. Si se equilibran mejor, puede salir algo muy grande. Y que conste que soy muy fan de “Skyfall”, pero lo mejor es que puede ir a más.

      • He mirado el tema de crítica en rottentomatoes, y es verdad, tuvo muy buen la recepción. No sé por qué me hice a la idea de que no. La taquilla fue alucinante, sí, más teniendo en cuenta que es un thriller pausado y muy largo.

      • Y que en su tramo final se deja de efectismos: muchas críticas que he escuchado vienen por parte de fans para los que James Bond necesita finales espectaculares contra villanos malísimos. Entiendo su decepción, pero a mí la forma de cerrar “Skyfall” me pareció redonda, madura y seria; juega en otra liga.

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