¿Por qué nos caemos? | El desafío del miedo

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-Todas las criaturas tienen miedo.

-¿Incluso las que dan miedo?

-Especialmente las que dan miedo.

La muerte es inevitable. Como seres humanos, animales pese a todo enfrentados a las mismas incertidumbres naturales que cualquier otra criatura, la certeza de nuestra finitud nos obliga a tomar una actitud límite para resistir. Por eso mismo la trascendencia (ya sea religiosa, filosófica o científica) siempre ha estado unida a nuestro último destino, para encontrarle sentido, lógica, utilidad, respuesta.

Y la trilogía de El Caballero Oscuro juega con este poderoso concepto como base. Al enfrentar a sus personajes a la muerte, tanto física como espiritual, les hace partir de ese necesario sentimiento primario que todos compartimos ante lo desconocido: el miedo.

Nolan no tiene espacio de maniobra en este aspecto: el pequeño Bruce Wayne ha de enfrentarse al traumático, inesperado y repentino asesinato de sus padres para que su mito pueda desarrollarse. Pero, al eliminar convenientemente el factor vengativo en la narración (quitándose de en medio al personaje del asesino, Joe Chill), Nolan sí consigue liberar a Bruce del objetivo vano de su furia, dejándole solo frente al rival por excelencia, el más fuerte en su densa intangibilidad. Actuando a través del crimen, la muerte es la fuerza más cruel de todas, y por tanto la más injusta: en consecuencia, la única defensa y contraataque posible reside en la justicia. Pero teorizada y aplicada en los mismos términos abstractos.

Enmudecido (que no eliminado) muy pronto el sentimiento infantil de culpabilidad, Bruce renuncia al legado familiar que carga para construir el suyo propio. Su viaje por todo el mundo es otro tópico, pero crucial para que desarrolle su plan de justicia. Que no de justiciero, quien, tal y como Ducard afirma, no es sino un ser humano más, “loco en su afán de satisfacción personal”, y mortal al fin y al cabo.

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Bruce no puede librarse de su propia corporalidad. Pero ha de asumir tal limitación para poder transformarla: si no es posible alcanzar el necesario poder inmortal que combata al enemigo, sí lo es desarrollar una superioridad física y mental que trascienda la propia materialidad humana y alcance el territorio resbaladizo del símbolo. Por tanto, tras su entrenamiento ha de emplear su recién adquirido poder para una causa mayor: la muerte tiene también agentes terrenales, de modo que la única respuesta posible está también en el combate físico, con la esperanza de que tras él se expanda la trascendencia de la cruzada. Bruce se vuelve superior al común medio humano, aunque su naturaleza siga siendo débil, de carne y hueso.

La muerte, como señalaba antes, actúa a través del crimen: esto es, la transgresión de un sistema legal consensuado. No afecta a nivel individual, sino atacando la sensación de seguridad comunitaria. Por eso mismo la reacción de Bruce ha de realizarse en los mismos términos: su dolor ha de sublimarse de lo personal a lo general, su pérdida se asemejará a todas las pérdidas de Gotham. Y el único modo de triunfar en esta guerra -si es que es posible- es, como vimos, adoptando el símbolo potencialmente inmortal, pues es la única herramienta que puede asentar el carácter inspirador de los hechos, las acciones, en lo social; depositado, recalco, en lo individual, en un héroe concreto que represente los valores identitarios y la garantía de protección a toda una población.

Por ello, este desafío ha de afrontarse también sobre una concepción particular de la justicia: una decisión moral con su propio código de principios, que agite al sistema legal comunitariamente establecido al que Batman, no obstante, decide defender. La reacción de Bruce es la esperable en un niño criado en un ambiente lleno de facilidades y privilegios: aunque sepa que el sistema está podrido, cree en él y considera que solo necesita ser purgado de sus elementos nocivos, que lo entorpecen. Este Batman no es la justicia; es solo un medio para impartirla.

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Por tanto, ha de recurrir a un miedo prototípico, inhumano, aterrador que canalice el auténtico temor de Bruce (la muerte); adoptar a la oscuridad para combatir a la oscuridad; transformarse en la causa de la muerte de sus padres (la culpabilidad nunca superada). Batman es la única solución posible: la necesaria catarsis. Y el enemigo emplea el miedo (y el libreto incide en este aspecto continua y explícitamente), porque no tiene reparos a la hora de matar. Ante esto, es difícil contraatacar desde una postura contraria al asesinato: Batman, sin embargo, lo intenta. Es una concepción extremista de la justicia, de blancos y negros, basada en un entrenamiento igual de radical: para la Liga de las Sombras “los criminales son fáciles de entender”, y el Bien y el Mal son inherentes a la realidad, no meros constructos.

En resumen: justicia y humanidad han de sustentarse sobre la inmortalidad para poder perdurar y tener significado. Mediante la vía de la inspiración, no obstante, es fácil caer en el orgullo: algo que ha de quedar fuera de la ecuación, pues es la tentación que hace creer en la falsa viabilidad de la inmortalidad corporal. “Su padre no necesitaba probar nada a nadie. Ni siquiera a sí mismo”, le espeta un decepcionado Alfred a un soberbio Bruce. Quien, sin embargo, olvidará esta enseñanza en más de una ocasión a lo largo de su viaje: los triunfos del Batman joven, confiado, poderoso, en su primer asalto contra la Liga de las Sombras, se diluirán rápidamente. La muerte, el obstáculo al que Bruce ha de vencer durante toda la trilogía, pronto contraatacará y le arrebatará de nuevo a sus seres más queridos, hundiendo al héroe. “Quédate conmigo”, le susurra desesperado Batman a Rachel cuando intenta salvarla de la toxina de Crane; lo conseguirá en ese momento, pero no podrá desafiar a la suerte por siempre. Pronto llegará una fuerza aterradora que cuestionará los cimientos del aparentemente sólido sistema moral del símbolo.


Análisis de la trilogía El Caballero Oscuro:

  1. ¿Por qué nos caemos?: resucitando al murciélago
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3 pensamientos en “¿Por qué nos caemos? | El desafío del miedo

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