Tiempo a destiempo

Vía cadenaser.com

 

Me gusta El ministerio del tiempo. Sobre todo por la jugosa baza con la que jugaba de antemano: es atípica. Desde una perspectiva abierta e internacional, poca novedad aporta al panorama de la ciencia-ficción/fantasía histórica; pero desde el punto de vista patrio (no uso esta palabra al azar), es un necesario soplo de aire fresco que viene a demostrar que sigue habiendo talento artístico de sobra para mirar al futuro. Había recelos previos, y yo mismo me inculpo: sonaba demasiado arriesgado como para salir bien. En ocasiones -más de las que nos gustaría reconocer- somos crédulos de la Leyenda Negra que aún nos atasca en el triunfalismo, el destape, la transgresión, la República o la ceja. La renovación, sin embargo, esperaba latente su momento de gloria.

De antemano, que quede claro que no la considero una serie perfecta. Aún necesita encontrar y desarrollar su propia personalidad; tantear con mayor acierto los límites presupuestarios, que en determinados momentos han lastrado el resultado final; ser más consciente de su naturaleza fragmentada episódica a la hora de plantear enigmas potentes que sostengan una temporada completa; y equilibrar sus múltiples frentes, entre un público adolescente interesado en la Historia pero poco versado en ella, y al que deben dirigirse explicaciones didácticas y fácilmente asimilables, y otro versado en la Historia para quien toda explicación docente es redundante y ralentiza la acción.

Aun así, vaya por delante que por lo general han sabido manejar muy inteligentemente estas limitaciones o carencias empleando como capital sus mayores bazas: creatividad, entusiasmo, empeño, inquietud, buenas ideas y la consciencia de estar haciendo algo especial. Esa es la mayor virtud de esta pequeña, sorprendente y prometedora serie. Un producto que por fin no tiene miedo en mirar nuestra Historia tal y como es: sin victimismos, sin triunfalismos. Con un pequeño deje nostálgico hacia el “glorioso” pasado imperial, pero rebajado como alivio cómico; dirigido por el mantra de “el pasado es el que es”, pero no resignándose ante él sino planteando sus claroscuros. Hablando bien de nuestros hechos cuando corresponde, pero cuestionándolos cuando la adulación es imposible.

emdt

Vía Rtve.es

Las audiencias no acompañan, pero se ha granjeado una fuerte comunidad fan en internet que demuestra varias cosas: que las redes sociales han transformado el concepto comunitario de ver series; que los analógicos índices de audiencia ya no sirven; que en España el entorno friki estaba listo para esta serie, y se ha lanzado frebril a los brazos de esta ficción fantástica patria, “nuestra”; y, más importante aún, que es el momento perfecto para reivindicar la injustamente denostada y desconocida figura del guionista. Podemos hablar de los hermanos Olivares como artífices del relato: eso, viniendo del medio televisivo, honra su profesión a unos niveles que por desgracia no veíamos desde hace demasiado tiempo.

Es, por tanto, una serie necesaria. Por su arrojo, por su envidiable manejo de sus medios y recursos, por probar definitivamente que la Historia no es el bicho raro intocable en su cátedra, y por demostrar que es posible realizar un producto de este tipo en nuestro país, nuestra televisión pública. ¿Mi mayor miedo entonces? Que la renovación sea condicionada por una cadena en decadencia debida a la desidia de un nefasto propagandismo gubernamental, y poco amiga de visiones no tergiversadas de la Historia (aderezadas además con pullas no disimuladas hacia el “papá Popular”). O que la reacción fan derive en un enfrentamiento encarnizado entre pro-ministéricos y anti-ministéricos, y derivemos en cierta “Minihisteria” empeñada en crear bandos polarizados de alta-cultura y anti-cultura, consumo analógico y digital, malinterpretados en términos innecesarios de bueno y malo. Cuando la realidad, y mucho más la televisiva en este período de transición, se escapa a estas clasificaciones estancas y subjetivas. Pero “el tiempo es el que es”: la transformación será lenta, y sobre todo vendrá de nuestra mano y de una serie como esta. Tal vez no asentará el cambio, pero sí será recordada como el necesario paso adelante.

Lo que me lleva a terminar con un pequeño apunte. Es inaudito que El Ministerio del Tiempo se haya convertido en carnaza para el debate ideológico. Nuestros devenires históricos han sido atroces, de eso no cabe duda, pero nuestras reacciones hacia ellos han sido, de forma general y en opinión de un servidor, tan timoratas que han acabado generando un sentimiento de recelo continuo y hasta repulsión hacia nuestro pasado. De tal forma que un inofensivo producto televisivo con claro valor didáctico y que capea a censura inquisitorial de la pública para introducir un conveniente debate moral (¿dejar el tiempo como está, o cambiarlo a mejor? ¿Es héroe el agente ministerial, o el director bajo el yugo gubernamental, o el rebelde antisistema?), acaba interpretándose en términos de propaganda. No me interesa esta polémica. Querría ver más mala leche en la serie, es cierto, porque hay temas de nuestro pasado y presente que lo merecen. Pero convertir, como supongo que algunos buscan, este producto de aventuras en un aparato de denuncia continua y revisionismo ucrónico, sería una desfachatez: no tiene sentido matar a Franco, evitar la Guerra de Independencia, bloquear la expulsión de los judíos. Hablamos no solo de ficción de consumo, sino también de la Historia, y el aceptarla tal y como fue no implica la anulación resignada del sentido crítico. Ese era uno de los miedos que tenía antes del estreno, pero puedo respirar tranquilo: El Ministerio del Tiempo se aleja de esta estúpida diatriba. Solo queda saber si los jefes de la pública, en el fondo tan intransigentes como los críticos más acérrimos, estarán conformes.

Ahora llega el momento del mayor reto de toda serie, y que para algunas llega muy temprano: sobrevivir al hype que ha alimentado, y que, en cierto modo, ya les ha hecho inmortales en el mundo “fan-fiction”. Les deseo a Olivares y compañía toda la suerte y el ánimo del mundo. Lo van a necesitar.

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