¿Cae el Club de los Villanos?

Frozen

AVISO: múltiples spoilers; revelo desenlaces de numerosas películas animadas.

¡Rompe Ralph! Frozen. Big Hero 6. Me es inevitable centrarme en Disney para esta entrada: la factoría del ratón se ha convertido, por derecho propio y en base a profesionalidad artística y monopolio empresarial, en el principal sustento de nuestro imaginario cultural, y en el más poderoso “reescritor” de nuestros relatos tradicionales. En otras palabras: nuestros cuentos son ahora propiedad de Disney. Y, aun después de 90 años, es demasiado pronto como para darnos cuenta de lo que esto implicará en un futuro, cuando caigamos en la cuenta de que quien modificó en un parpadeo la estructura de muchos mitos fue una sola compañía, antes que el pueblo.

Por eso mismo, me parece especialmente llamativo, cuando no me hace torcer el gesto, un problema que detecto en lo que los críticos han denominado el “Nuevo Renacimiento” de Disney. Han vuelto los cuentos de hadas musicales, salteados ahora con desenfadadas cintas de acción. Volvemos a creer en hadas, princesas y príncipes, y ahora los superhéroes de videojuego han entrado en la ecuación. Pero mientras el Lado Luminoso ha recibido un chute de vitamitas, el Lado Oscuro parece languidecer. Culpa, por una parte, de villanos enclenques, sin suficiente motivación, que aportan solo conflictos manidos o, en el peor de los casos, innecesarios; por otra, de desenlaces blandos para los malvados, escarmientos pusilánimes contra terrores sin nombre. Veamos algunos ejemplos; hagamos memoria.

Frollo

El villano merece una retribución justa y correspondiente a la intensidad de su crimen y a la naturaleza grotesca o salvaje de su tiranía. Gastón era un desalmado sin seso en la mollera, y su final tenía que ser igual de patético (y rematado con una última puñalada rastrera con la que firma una cruel despedida). Jafar no es más que un ambicioso político que pretende jugar a ser un dios sin conocimiento de causa, por lo que se le reserva una reprimenda en cierto modo cómica: nunca llega a causar un daño atroz. Scar instaura una dictadura, mata de hambre a todo un pueblo y asesina a su hermano, cargando con la culpa a su sobrino: sus traiciones le condenan a una muerte escalofriantemente justa. Frollo es Diablo, sin paliativos, azuzado por una lujuria descarnada que le lleva a matar inocentes antes que reconocer su culpa: su única salida son las llamas del Infierno. Clayton, pese a ser simple codicia desmedida, recibe el merecido castigo debido a sus impulsos primitivos. Y pasemos a Pixar: Hopper ha de caer a manos de la Naturaleza, porque un caudillo sin escrúpulos como él no tiene cabida en la utópica isla de las hormigas; Síndrome es una amenaza latente contra una familia a la que ha intentado destrozar, y su final es ejemplar y necesario para asegurar la paz del hogar (condensa el destrozo simbólico del coche de lujo con el que Mr. Increíble firmó su alianza con el villano, y el brillante gag del peligro de las capas).

El mal ha de ser purgado. Es una máxima procedente de los tiempos ancestrales de la ficción, y que los griegos supieron teorizar brillantemente: la catarsis (la purificación del espíritu) puede producirse tanto por la felicidad como por la violencia; si vemos la alegre consecución de los acontecimientos o la virulenta retribución a un mal comportamiento, nos sentimos aliviados, porque la resolución de los escollos del relato ha sido la adecuada, la que querríamos experimentar en la realidad. El Bien triunfa, el Mal fracasa.

Big Hero 6

Pero somos hijos del 11S: parece que nos asusta la violencia, que tememos aleccionar en la insensibilidad a una chavalería que creemos demasiado impresionable. No sé hasta qué punto mostrarles una retribución adecuada, aunque sea cruda, podrá traumatizarles o bien educarles. Sea como fuere, me parece evidente que tenemos miedo: a villanos demasiado poderosos, a planes demasiado mezquinos o depravados. Hemos regresado a la némesis de opereta, fácil de derrotar, de tópicos propósitos. Desde 2001, hagan la prueba, ¿cuántos enemigos memorables nos ha dado el cine? El Joker podría ser un buen ejemplo: estética impactante, Mal sin adulterar y sin motivación rastreable; terrorismo, a fin de cuentas. O Inmortan Joe, sobre todo porque refleja una canallería en la que todos podríamos caer. Pero paro de contar.

En el cine de animación esto es más preocupante. Escasean los relatos infantiles contemporáneos en los que la Oscuridad salga derrotada ideológicamente. ¡Rompe Ralph! tiene que sacarse un villano de la manga cuando su historia de aceptación de uno mismo no necesita ningún conflicto adicional en forma de rey traicionero. Frozen funciona muy bien como historia fraternal como para introducir caprichosamente un príncipe egoísta en la ecuación. Big Hero 6 adolece de un malvado de estética impactante pero motivación hueca, y castigo ñoño. En Pixar: Lotso, el villano total, el torturador de juguetes, el asesino sin escrúpulos, escapa incólume, y es injusto. En Dreamworks: Drago rompe el equilibrio familiar provocando una tragedia, pero no recibe un escarmiento equiparable. Notables películas, en ocasiones magníficas, todas ellas: pero todas adolecen de lo mismo.

El Capataz, pobre diablo, no merecía una salida menos cartoon que el futuro de color de rosa al que acaba condenado. Pero Shan Yu, despreciable asolador de pueblos (esa niña invisible, esa horrible imagen de la muñeca huérfana), merece más que un pepinazo por cohete más propio del Coyote y el Correcaminos. No sé si me explico. Me da la sensación de que la balanza se desequilibra. No se trata de maldad impostada o crueldad sin motivo: se trata de que a todo blanco le corresponde un negro, un punto de conflicto que parezca irresoluble; y que el triunfo del héroe, siempre fruto de un esfuerzo sobrehumano, ha de saldarse con la total erradicación del Mal. El precio de la victoria, a fin de cuentas, no entiende de sutilezas. En la ficción, contra el horror no hay miramientos. El motivo es simple: la realidad, a la hora de repartir justicia, por desgracia suele ser demasiado ciega.

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Un pensamiento en “¿Cae el Club de los Villanos?

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