14/11/15 – 13:01

Ayer fue 13 de noviembre. Hubo congreso de portugués en mi facultad, Enya sacó dos canciones nuevas, el Mercado Medieval de mi ciudad se llenó de visitantes, hice un examen a las nueve de la noche, llamé por teléfono a unos amigos. El mundo seguía. Hasta que un tuit me avisó de un tiroteo en Francia. No me despegué del ordenador en las horas siguientes. Acabé acostándome con una sangría sin confirmar; me he despertado con la carnicería en alza. Y nada se ha detenido.

Hoy es 14 de noviembre. Crece el número de muertos, los heridos son legión, el mundo reza. Hoy, escribo.

Ahora salen los oportunistas, los cuñados, los meapilas e iluminados; salen los fachas, los flower-power, los nazis, los nihilistas; los que se llenan la boca con la mierda de los colores, los de una idea de nación sensata, los que apelan a la raza, los que evocan el espíritu; los que gritan libertad, los que la silencian con la excusa de la seguridad; los eruditos, los ilustrados, los necios, los gañanes; los culpables, los culpados y los que no responsabilizan de su culpa; los llamados “cobardes”, los orgullosos envalentonados. Pero todo son palabras. Habla el ISIS, habla Europa, habla Obama, habla Twitter y habla el borracho. Habla el que profetizó y el que profetiza. Solo hablan. Lo demás, existir, es solo vivir, matar y morir.

Algarabía para las soluciones purgatorias, para los cierres de fronteras, para los rapados con el bate. Indignación para el sabio en su Torre de Marfil. Supervivencia para el paisano que camina por la acera ahora intranquilo. Una excusa para los del fusil y la bandera negra, en pro de ganar adeptos vía la discriminación de Europa hacia su propio pueblo. Hoy, desaparece el constructo, tal vez árabe-musulmán-islámico sean lo mismo (sé que no), tal vez el que huye del horror del desierto sea también un monstruo (patética hipótesis). Hoy, Oriente contra Occidente, civilización versus barbarie, cristianismo contra islamismo, religión contra razón, y otros tantos conflictos duales y simplistas. Hoy, vídeos escalofriantes, noticias aún confusas, y la sensación de espanto que nos resulta ya familiar: de torres que caen, trenes que explotan, dibujantes fusilados. Nosotros lo vemos, lo sentimos, lo lamentamos aun en una virtual distancia. Unos nos llaman hipócritas, pues en la “periferia” del mundo la masacre también es continua, atroz e injustificada, y, peor aún, inédita, sin publicar, sin repulsas en masa. Y tan cierto es la complicidad de este silencio como la legítima repulsa actual ante el ataque al vecino. Ese pavor sin nombre que se agarra a la garganta ante el monitor, esa muerte azarosa en nombre de un dios desconocido; ese desenlace cruel que, ahora sí, está al alcance de cualquiera.

Ha estallado el horror. En un momento indigno en el que el buenrrollismo pavimenta nuestra calzada al patíbulo, y la violencia de respuesta solo engendra más violencia. Como siempre ha ocurrido. Y nosotros despertamos del sueño de la falsa paz tras el hongo, nos damos cuenta de las costuras de nuestro sistema, y volvemos al status quo de nuestros abuelos: el miedo. Ser conscientes de la finitud, resignarse ante el caos, ver el mundo con otros colores: algunos lo llaman sensatez, otros creen que es realismo, otros prefieren cinismo; yo solo veo muertos, y el resto es solo retórica. No me aventuro a confirmar los ciclos de la Historia, no quiero verla como maestra. Solo percibo un continuo sin nombre, un sinsentido beligerante. Y los valores sobrehumanos que debemos preservar: el dolor, la empatía, la solidaridad. Hoy, por unos instantes, la Humanidad, sin patria ni bandera, sin ideales ni teorías, ha salido a la luz. No ha durado mucho: el vocerío de los simplistas y los complejos nos ha empujado a la inmediatez del hastag, la foto de perfil. La intrascendencia que mañana veremos como pasado, nota en una enciclopedia, recuerdo sin más.

Porque mañana será 15 de noviembre. Y el mundo sigue. Alguien sacará nuevas canciones, iremos a otros eventos, hablaremos con otros amigos: reiremos, lloraremos, veremos nuestra película o serie, estudiaremos. La realidad nos dará otra ocasión para sentarnos frente a una pantalla y contemplar horrorizados el pánico en directo. Testigos privilegiados del ocaso, si es que el mundo alguna vez ha amanecido. La guerra continuará, porque quizá nunca ha comenzado y tampoco tiene fin. Y si en el futuro alguna etiqueta nos incluye a todos nosotros en un Tercer Conflicto del que no éramos conscientes en el momento actual, entonces usaremos la fecha de ayer para marcar un punto y aparte. Hoy, solo tenemos la desgracia. Más de un centenar de muertos. Vidas truncadas. El espanto, hijo de puta, te detesto, y hoy mi abrazo se une al de millones de hermanos. La injusticia se ríe de nuevo. Y nuestro armazón solo piensa, y habla, mientras otros disparan, esperando a que apretemos el gatillo. Hoy es 14 de noviembre, son las 13:50, y el mundo sigue igual.

Anuncios

Un pensamiento en “14/11/15 – 13:01

  1. Pingback: Quedémonos con eso | DESCENDIENDO DESDE ORIÓN

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s