Quedémonos con eso

Vía jihadology.net

Lo que tienen arriba es la portada del nº 7 de la revista Dabiq, publicación oficial del servicio de prensa del ISIS, IS, Daesh, como quieran llamarlo. En la fuente que cito podrán descargar los números que llevan publicados (aviso: contenido explícito). Tranquilos, no es una web afín al régimen del terror, sino un portal de divulgación sobre el mundo árabe de la mano de Aaron Zelin, investigador de King’s College de Londres. Leo el titular: “De la hipocresía a la apostasía. La extinción de la ‘zona gris'”. En portada, dos musulmanes que participan en las protestas contra el terrorismo, tras los atentados de Charlie Hebdo. El mensaje del Daesh está claro: o con nosotros, o contra nosotros. No hay musulmán bueno si se acomoda en la “zona gris”, esto es, la Europa multicultural, tolerante y abierta; el punto de contacto y mezcla entre el blanco y el negro, Oriente y Occidente, Cristianismo e Islam. Todo musulmán adaptado a Occidente es traidor, hipócrita, apóstata; ha traicionado al Profeta, su identidad, y merece castigo. La zona gris debe ser “extinguida”: el mundo es blanco y negro, ellos contra nosotros. Esa es una de las ramas de la ¿cruzada? del Daesh. Quedémonos con eso.

De las 129 víctimas por el momento en los atentados de París, un 6% eran musulmanes, familiares de musulmanes, descendientes de musulmanes, amigos de musulmanes. El Daesh no discrimina. Para ellos son víctimas necesarias y justificadas, zona gris. Y ahora dos niños han quedado huérfanos a manos de salvajes. La etiqueta racial, en estos casos, es innecesaria. Quedémonos con eso.

Volvamos a la portada. En sus páginas, “Ultimátum explícito del Salaf a los apóstatas”. No se andan con rodeos. Pueden, incluso, cimentar doctrinalmente su pesadilla totalitaria de forma compleja: analizan la terminología teológica que debe aplicarse a quien escapa de los preceptos del dogma. No lo olvidemos: seguramente detrás de esta revista haya jóvenes educados en Europa, en modelos de argumentación universitarios. Quedémonos con eso.

Y ha habido repulsa musulmana. Por parte de aquellos que han sufrido el hachazo de sus propios hermanos. O de aquellos para quienes el Islam, en su nueva vida en Europa, ya no es cuestión de fe sino simple huella identitaria, tradición familiar. O aquellos que ya se han laicizado. Ha habido comunicados de condena oficiales, tanto en España como en Francia (nota: toda manifestación en París, sea del colectivo que sea, ha sido cautelarmente suspendida por el gobierno galo). Se ha recuperado el hastag #NotInMyName. Un musulmán se ha vendado los ojos y ha ofrecido abrazos de reconciliación. Pero permítanme que prefiera, antes que el símbolo intrascendente de Facebook, al musulmán que reza frente al Bataclán; o al taxista musulmán de París, que entre lágrimas manda a la mierda a los terroristas en la noche de los atentados, entre prejuicios acusadores; o los familiares de los musulmanes asesinados, impunes ante la barbarie. Quién les escuchará, pregunto. Y la portada del Dabiq. Frente a esto, la abominable pitada turca. Injustificable. Un plano del prisma del ojo por ojo, al que nos estamos arrojando. Quedémonos con eso.

Xavier Albiol dice ahora que el problema de Europa es el multiculturalismo. Tal vez habría que ilustrale un poquito, si se deja, en costumbres, literatura y lengua española. Le sorprendería saber cómo su querido “espíritu nacional” es fruto de la confluencia u oposición entre pareceres. O sea, multiculturalismo. Quedémonos con eso.

Y nada más. Estos son los hechos: predicciones, para otro día. Nos asustan las respuestas complejas, cuando la realidad a veces es muy simple: quien aprieta el gatillo es el culpable, y contra él, lucha, porque no tendrá miramientos en contraatacar mientras nos dedicamos a debatir sobre moral. Inútil el discurso que exculpa (“no tienen otra alternativa”; peligroso eufemismo demagógico). Pero a veces, sobre todo en estos días, me da por creer que la realidad es simple, mientras que cada caso es complejo. Y ahora entramos en guerra. Expulsaremos a los refugiados, zona gris para los extremistas -incapaces de entender la diáspora que huye del “Califato protector” hacia la Europa infiel-. Combatiremos en Siria, desgranaremos las pepitas de la granada con un diluvio de misiles. Debajo, terroristas. Pero también civiles. No puedo ser Juez de cada alma particular, pero digo yo que al niño sirio junto a su padre muerto le da igual que la granada que le cae encima sea del Daesh, Assad, la OTAN o un rebelde. Teme la ira del hombre tranquilo que ahora es un pequeño asustado. Para él no serás el héroe del cuento. Hoy, podríamos estar dando pie a un nuevo Vietnam, otro Irak, y fabricando nuevos fanáticos. Pírrica victoria, destino incierto. Quedémonos con eso, y buenos días.

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