La gran mentira

bigshort

  • Uno: por encima de nuestras posibilidades, dijeron. Claro que fuimos presas de la codicia: tal vez por exceso de soberbia y sobrevaloración de nuestro poder. Porque por fin era fácil llevar la vida de lujo que desde pequeños nos inculcaron como buena, aunque nuestro sueldo siguiese siendo ridículo. Pero también, tal vez, porque fuimos muy mal educados. Porque no interesaba tenernos informados. Para qué, si nuestra ignorancia eliminaba todas las trabas para que el capital se reprodujese como conejos, y nos permitía tener un techo bajo el que tenernos contentos y callados. Era dinero rápido; tardaríamos años en devolverlo pero, oye, nada podría ir mal. Eso dijeron.Muchas veces, confiar en nuestra sensatez como hombres medios es una estupidez. Pero confiar en la buena fe de los timadores siempre es un suicidio.
  • Dos: La gran apuesta es una película inteligente, fresca y necesaria. El reparto se entrega, la dirección es atrevida estética y narrativamente, y el guión se preocupa por nosotros. Pero no nos engañemos: esto es solo una película. Se escuda en que la banca nos toma por idiotas con toda su morralla en lenguaje Wall Street, pero al mismo tiempo es condescendiente, y prefiere ser didáctica para tontos con símiles del tipo “Ryan Gosling jugando al jenga, Margot Robbie en un jacuzzi, un chef famoso con pescado podrido y un economista y Selena Gómez en un casino nos enseñan a invertir”. Tiene claro su simplista mensaje: la banca siempre es mala y culpable. Y deja el papel de “héroes” de la función a una panda de hipócritas codiciosos que planean usar, en 2006, el previsible fraude hipotecario para enriquecerse. Luego ya vendrán las excusas: “nosotros no lo hemos hecho a costa de los trabajadores”. Valiente tontería.Es ficción controlada. Montaje frenético, constantes referencias a la cultura pop, mensaje mascadito que anula todo sentido crítico. Todo nos entretiene, pero con ínfulas de grandeza, para que salgamos del cine echando pestes, creyéndonos iluminados, habiendo descifrado los secretos del capital. ¿Por qué? Porque sale en pantalla. Así funciona el poder del cine.
  • Tres: así que, no hagan nada. Quemen esta película y todas las de su calaña. Total, solo son panfletos reaccionarios. Y el sistema es bueno, el mercado se autorregula, el gobierno sabe lo que hace. Las élites financieras no me dejarán sin mis ahorros. Ahora estamos mejorando, y solo podemos crecer. Y cualquier opinión contraria no es más que propaganda subersiva que busca desgastar nuestra confianza y perpetuar la crisis. Lo peor ha pasado. Todo va bien.Y mientras, hagan oídos sordos a que la especulación nos lleva a una posible nueva crisis, que los bancos han seguido falseando sus cuentas, que la deuda de los países es ya impagable, que la recuperación pasa por encima de conceptos (¿a quién le importan, si no valen nada?) como “vida digna”, que la corrupción no cesa. ¿Qué importa? La televisión solo tiene números verdes, gráficas al alza y palabras bonitas. Vayan entonces al cine, vean La gran apuesta, y, después de haber pagado su entrada (consumo, ¿ven?; ¡ya les dije que todo iba bien!), concluyan: “solo es una película”. Y repítanlo tantas veces como puedan, no vaya a ser que el mantra desaparezca, caigamos de nuevo, y entonces vuelva a ser culpa nuestra, cómo no, porque no tuvimos la suficiente confianza, no fuimos todos juntos de la mano caminando hacia el Señor.
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(Foto de Spencer Platt/Getty Images)

Corolario: ahora, olviden todo lo que he dicho antes. Que esta película nos dirige hacia una conclusión determinada, mientras nos hace creer que es objetiva, rigurosa y comprometida. Olviden también cualquier resquicio de duda sobre si la miseria que se metastatiza en nuestro sistema financiero (¡desde hace casi diez años!) es culpa nuestra. Dejen de especular, porque miren adónde nos ha llevado eso; vayan a ver cuanto antes La gran apuesta, y súmenle El lobo de Wall Street (e Inside Job y Margin Call, que no he visto, pero parecen buenas); y no se crean todo lo que vean, porque al fin y al cabo son reconstrucciones interesadas de lo que de verdad ocurrió. Solamente, tras asimilar tanto desbarre financiero que nunca llegaremos a entender, piensen en una cosa.

Si tan solo un 1% de lo que cuentan es cierto, si tan solo fuese cierto que nadie se preocupó por la crisis inminente que auguraban los datos porque el mismo sistema había ideado salidas a modo de parche y no cura, que las agencias de calificación fueron fraudulentas y no evaluaron negativamente en 2007 las apestosas hipotecas basura sin valor para no cabrear a los bancos, que el gobierno prefirió usar dinero público para salvar a la banca mientras millones de personas se quedaban en la calle, que traficaron con el sueño y el derecho de millones a tener un hogar, que las leyes del mercado no cuentan con ninguna moral que frene el que nos consideren a todos simples números que pueden sufrir y morir sin que a nadie le importe… Si tan solo un 1% fuese cierto, entonces despierten y manden a tomar por saco toda esa porquería del “por encima de nuestras posibilidades”.

Mejor aún: mándenla ya. Que esta crisis ya es demasiado larga como para seguir tragándonos el cuento. Claro que es cierto.

 

PD: me dejo de monsergas. La gran apuesta me ha encantado.

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