Aún hay esperanza

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Capitán América: Civil War es la prueba que necesitaba para retrasar temporalmente mi apocalíptica predicción, compartida por otros tantos, de que el género superheroico en cine está encarando su trecho final. Es algo inevitable, va dentro de todos los géneros y ahora mismo se están dando las circunstancias precisas para que ocurra. Pero Marvel se ha propuesto impedir que tenga lugar a corto plazo, por medio de un remedio muy sencillo: conseguir que sus últimos coletazos sean un gozoso festival. Al menos, esa es la sensación principal que me deja Civil War: en su condición de megacorporación que limita la creatividad de sus autores, pero a cambio da en la tecla del equilibrio entre entretenimiento sin pretensiones y productos de calidad aceptable, Marvel no puede dejar desinflarse a la gallina de los huevos de oro (más aún si esta tiene los días contados). Y está dispuesta a darlo todo, dentro de unos límites acomodados que explota a gusto. Ha aprendido de los fallos de La Era de Ultrón y ha seguido el camino de Guardianes de la galaxia y Capitán América: el Soldado de Invierno. Las comparaciones son odiosas con una Distinguida Competencia que, hay que reconocerlo, tiene virtudes: supera al Universo Cinematográfico Marvel (UCM) en rabia estética y emocional, valentía a la hora de proponer temas demoledores, arrojo a la hora de hacerlos reventar; pero falla irremediablemente en su atropellada, pretenciosa y chapucera ejecución. Marvel, sin embargo, creo que ha encontrado el equilibrio perfecto en su fórmula. Y Civil War, que en ese sentido mira de tú a tú a Los Vengadores sin acomplejarse, es la mejor prueba de ello.

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Civil War recoge las virtudes de El Soldado de Invierno y las explota todavía más. No son pocas: fabulosas coreografías en impecables escenas de acción (la persecución entre Bucky, Capitán, Pantera y Halcón es prodigiosa en planificación, por la cantidad de elementos que funcionan en ella y que no se desequilibran en ningún momento), una continua sensación de urgencia y tensión, y el descaro de llevar una película de acción con mallas al terreno de la política sin que el intento resulte pomposo. Y también recupera las que elevaron a Los Vengadores: apuesta por la diversión trepidante y sin complejos, es consciente de sus limitaciones, y triunfa como película coral en la que casi todos los personajes cuadran y no se sienten fuera de la trama. Recogido el testigo, añade un ingrediente que, en lo personal, aprecio enormemente: la consciencia de que el UCM lleva ya 8 años de paciente, laboriosa e irregular construcción, y ha llegado la hora de rendir cuentas, establecer puntos de inflexión, y asentar conflictos emocionales entre sus personajes. Especialmente ahí es donde Civil War triunfa. Se deja de pirotecnias exageradas, huecas y efectistas para el clímax y lo soluciona con una pelea cuerpo a cuerpo con una gran carga dramática de base (sin aspavientos, que esto es un cómic de superhéroes), porque sabe que los espectadores llevan mucho tiempo acompañando a esos personajes y pondrán al choque entre amigos la intensidad que la película por sí misma no puede alcanzar. Un choque que, eso sí, llega algo descontextualizado, pues La Era de Ultrón desaprovechó su oportunidad de oro para ir sembrando la discordia. Pero hay auténtico dolor entre Steve y Tony, en una guerra que (demos gracias) nos deja con una duda en el cuerpo: no podemos ponernos en el bando de nadie. Hay demasiados condicionantes en juego. Marvel nos quiere y nos deja participar. Porque conoce el juego a la perfección, y cómo añadirle elementos nuevos, sencillitos y muy eficaces sin traicionar a cambio su única y principal finalidad: divertir.

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Guerra, ojo, que no es tal. Civil War pasará a la historia del género como un gran engaño publicitario. La batalla en sí se nota desubicada y metida con un enorme calzador, porque pierde el foco en las motivaciones de los personajes y no es más que artificio: personajes, además, como Ant-Man o Spider-Man que no pintan nada. Pero los directores, los hermanos Russo, aciertan de pleno al transigir aquí con el fanboy más desatado para tenerlo contento con un desparpajo que recuerda al mejor Joss Whedon, y sin dejar que esta concesión insustancial y 100% comiquera comprometa el equilibrio tonal de la cinta. Spidey no pintará nada, pero en su configuración han dado en el clavo; Ant-Man es un invitado innecesario, pero se transforma en el puñetero Hombre Gigante; y el choque entre los dos bandos me ofrece la ensalada de poderes y puños que deseo ver como lector de cómics, y aumenta mis esperanzas en que su versión anabolizada en Vengadores 3, también a cargo de los Russo, sea la gota que colme el vaso. Cuando acaba este interludio (lo suficientemente breve, lo suficientemente satisfactorio), Civil War vuelve a lo que es: una película individual, cierre de una trilogía, que ya no puede desligarse de su condición de universo compartido. Y la prueba de que el UCM puede ser emocional. Y si esto se explota convenientemente en el futuro, será gloria. Esta película, creo, podría marcar la madurez del género. Solo esperemos que los próximos pasos no lo echen por tierra.

 

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