Mientras escribo | Regreso al redil

quijote

Si algo he aprendido a lo largo de tantos años intentando ser juntaletras, aunque no lo he asumido hasta hace poco, es que las planificaciones a corto, medio o largo plazo son casi imposibles de cumplir. Al hilo de esto, muchas veces me he quejado ya de que las obligaciones con la Universidad me han acabado quitando mucho tiempo para seguir practicando con la escritura, y, por qué no, apostar por difundir mis textos y buscar vías de publicación. Escribir puede ser también una carrera profesional, que exige igualmente una alta dosis de empeño, ensayo-prueba-error y autopromoción. Pero, cuando me tocó elegir, la carrera profesional que estoy iniciando ahora me pareció más atractiva. Y, debo reconocerlo, más segura.

El caso: evidentemente, para lo que es pan de cada día sí debo organizar un calendario de proyectos y trabajos que debo cumplir a rajatabla. No tanto para lo que no es sino una afición que he querido -e intento- llevar a más. Una afición que no ha perdido fuerza a medida que pasaban los años, cierto, pero que por ahora, y aunque ha habido algunos pinitos últimamente, no estoy potenciando para que vaya a más.

Invertí, que no gasté, muchos años en anotar o medio desarrollar muchas, muchísimas ideas para narraciones. Mis amigos, sin duda, acabaron hasta las narices de escucharme afirmar que “estoy preparando una historia que va de X e Y”, para a continuación describírsela con pelos y señales. Muy pocas de esas ideas llegaron a conformar un cuento, y menos aún llegaron a ser publicadas. Con el tiempo, he acabado acostumbrándome a escribir opinión, no ficción, y así parece que seguiré próximamente.

Pero sigo manteniendo ese tópico de quien manifiesta que está escribiendo una novela a todo aquel que (no) quiera escucharlo. No miento si lo hago, y el repetirlo me ayuda, tal vez, a seguir creyéndome que algún día podré cumplirlo. Juntar letras, si es una afición venida a más, como es este caso, no puede responder a una agenda rígida. Más bien, creo que es una actividad aún más lenta, en la que los episodios de creatividad son fugaces, y el entusiasmo por trabajar no aguanta demasiado.

Ahora he retomado una novelita a la que llevo ya algunos años dando forma. La ideé en 2012, en medio de unas circunstancias personales que me hicieron escribir con una velocidad y una rabia como nunca antes había experimentado. Escribí el primer borrador al año siguiente, aprovechando un repentino flash de inspiración y constancia a la hora de trabajar que, de nuevo, nunca antes me había venido. La repartí entre unos pocos amigos, recogí las críticas (y las asumí, lo que es difícil), y dejé que el texto reposase. Lo volví a leer en 2014, con la intención de corregirlo. Pero no llegué a hacerlo. No era el momento.

Hasta este año. Tal vez, las circunstancias me obligan a recuperar ese primer proyecto de ficción que conseguí que llegase a algo porque creo que para lo que está ocurriendo, y lo que podría ocurrir, esta historia puede, al fin, contar algo a alguien.

La he releído. Hay mucho que corregir. Detalles de estilo y lengua, en primer lugar, pues es lo más superficial (y complejo a la vez); escenas que no encajan donde están y que tal vez deba cambiar de sitio, o directamente eliminar si no responden al plan general de la narración; diálogos que suenan demasiado encorsetados, incluso para una historia, lo confieso, relamida y preciosista; y, sobre todo, falta de desarrollo de algunos personajes y escenas. Me resistí durante mucho tiempo a seguir algunos consejos de quienes leyeron el borrador, animándome a ampliar lo que escribí. Creí que funcionaba bien como novela corta. Releyéndola ahora, tal vez tengan razón. En estos últimos años dejé anotadas algunas ideas para esa hipotética ampliación. Es hora de retomarlas.

Hasta donde las fuerzas lleguen, o el interés por lo que fabulo no decaiga. Ahora tengo un poco tiempo cada día como para dedicarlo a practicar, y, ante todo, tengo ganas, y he recuperado cierta constancia. Si esto llegará finalmente a la culminación de la novela, solo el tiempo lo dirá. Y, después de todo, lo que consiga terminar ahora no será sino un segundo borrador. Mi interés en darle punto y final a esta obra, convencido como estoy en que estos tiempos actuales justifican que la dé a conocer, chocará con la realidad: Escribir no es sino corregir. Pero, de todo esto, al menos me quedo con una buena noticia: he vuelto a juntar letras. Al menos, durante un tiempo. Demostrándome, una vez más, que este entretenimiento no es más que un Guadiana, y que no tengo por qué preocuparme en los periodos de sequía. No, por ahora.

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2 pensamientos en “Mientras escribo | Regreso al redil

  1. Pues yo leería esa novela. Te veo genio narrativo, sensibilidad y, sobre todo, pones las comas en su sitio, algo nada fácil de ver por aquí. Enhorabuena de verdad por tu blog. Te seguiré de cerca, amigo.

    • Muchas gracias por tu comentario, y lo mismo digo: he estado leyendo tu blog, y te doy igualmente la enhorabuena. Lo seguiré de cerca: siempre es bienvenida la difusión de todo lo relativo a la filología.

      Sobre la novelita, gracias por tus palabras. No se merecen: la narrativa sigue siendo una asignatura en la que aún me queda largo recorrido. Pero creo que eso nos pasa a todos… Seguiré informando con lo que vaya saliendo de este proyecto. Un saludo.

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