Lágrimas en la fría lluvia (y II)


br20492

AVISO: revelo detalles cruciales del argumento de Blade Runner y Blade Runner 2049

Porque ya no hay catábasis. No hay descenso físico hacia el Infierno, porque ahora la muerte campa a sus anchas en un futuro completamente artificial. Pero, aun así, hay hueco para la esperanza. El descubrimiento del valor de la vida que recibe Deckard, en el mítico monólogo bajo la lluvia, se materializa ahora en el tema de la paternidad. El blade runner replicante que solo podía procesar un amor frío y salvaje, forzando a Rachael, sufre en el año 2019 dos catarsis de las que vemos sus preciosas consecuencias ahora, treinta años después. Al fin consiguió amar profundamente a Rachael. Fue partícipe y testigo de un milagro: se convirtió en padre. Él, el inflexible hombre de ley, ahora ha transgredido la naturaleza. Es, sin duda, una bella paradoja.

Por eso mismo, resulta tan apropiado, más allá del homenaje musical, que regresen las lágrimas en la lluvia, en esta ocasión helada. La enseñanza de Roy Batty, el único y verdadero protagonista de esta larga historia de tres décadas, continúa latente y se perpetúa, adquiriendo nuevas capas de significados. K asume el valor de la vida cuando comprende que la suya ha sido una fachada, un cúmulo de sucedáneos. Llega a esta conclusión bajo la lluvia, frente al holograma de su amor prefabricado y sus mensajes de cariño impersonal. Y finalmente, bajo la nieve, culmina su camino a la redención al permitir que un padre se reencuentre con su hija. En ese final tan poético como efectista, tan blade runner en toda su contradicción, se condensa toda la razón de ser de una secuela impecable, tan aparentemente innecesaria como, finalmente, satisfactoria.

br20499

Todo se reduce, en suma, a la eterna cuestión: la inmortalidad. Y, al fin, un blade runner descubre la respuesta. No está en la longevidad, siempre caduca; ni en los dioses, siempre falsos; ni en las obras, siempre impredecibles. Está en los hijos. Y ello se extiende a la propia existencia de esta continuación, que actúa como una “hija” cargada de recuerdos valiosos. Y no se amedrenta en ningún momento por ellos. Blade Runner 2049 es extraordinariamente valiente por seguir sin titubeos la estela de una Blade Runner tan alabada por sus evidentes virtudes como endiosada por su azarosa recepción de culto. Y, sobre todo, por ser lo que toda secuela necesita ser, pero pocas se atreven a plantear. Al igual que un hijo hereda copias de los rasgos de sus padres y replica sus comportamientos para luego llevar con ellos otra vida, la historia de K parte desde el límite vital al que llegaron donde sus padres, para plantearse otras metas mucho más ambiciosas. A algunos les parecerá un futuro innecesariamente positivo. Ante esto, les recuerdo que el futuro plausible en Los Angeles seguirá siendo incierto y desolador, pese al “milagro”. Pero no me digan si no es hermoso que este “milagro”, esta frágil muchacha, hija de replicantes, la refutación definitiva del concepto “humanidad” en esta distopía mecánica, sea la encargada de fabricar los recuerdos que revelan la artificialidad de los replicantes. Porque ellos, de nuevo y para siempre, han demostrado que su razón de ser está por encima de las frágiles instantáneas, los retazos del pasado que pueden perderse en el tiempo… al igual que esta película, que se superpone a su legado siendo en sí misma otro relato que se cuenta para no desaparecer, otro hijo que se engendra para perdurar.

br20491

Más recuerdos para que no nos olvidemos de los blade runner. Para que su relevancia siga presente en el panorama de la ciencia ficción actual. Blade Runner superó sus agujeros argumentales con el culto popular que generaron su romántico fracaso y sus ambiciosas preguntas existenciales. Es muy pronto todavía para augurar si Blade Runner 2049 seguirá la misma estela. Por lo pronto, ha replicado hasta el descalabro en taquilla se su predecesor. Pero tiene mimbres conceptuales muy potentes para seguir su camino en solitario, sin desligarse aun así de su linaje. Ha recogido sabiamente todo el constructo argumentativo -discusiones cinematográficas, ensayos académicos, convenciones frikis- que le dio verdadero sentido a Blade Runner, y le ha dado continuidad a través de la reflexión. Más recuerdos, como digo, de un mundo del que al fin vemos exteriores y cielos no siempre oscuros. Pero en el que siempre llueve, y el agua así arrastra lo superficial, dejando que perviva solo lo esencial. La gran pregunta: “¿… pero, quién vive?”. Y la respuesta, junto a nuevos interrogantes, yace en lágrimas y sangre bajo la nieve. Es hora de morir… para que otros vivan.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s