Tarde para el perdón

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Vía rtve.es

Estoy seguro de que pocos de los que ayer vomitaban bilis rencorosa contra la gala de los Goya no han visto ni tienen intenciones de ver la película ganadora, Tarde para la ira. Total: parece más fácil la hostil indiferencia contra una industria cinematográfica nacional reducida a “putas, rojas, maricones y la guerra del abuelo, qué asco de Almodóvar”.

Ignorando, con semejante sermón, que en los últimos diez años no ha habido Almodóvar y sí la confirmación de una fabulosa tendencia al alza de nuevas voces. Celda 211, No habrá paz para los malvados y La isla mínima ahora comparten podio con Tarde para la ira: se reafirma el cine negro, en un año 2016 en el que también hemos tenido El hombre de las mil caras y Que Dios nos perdone. Diez años que también han visto el asentamiento del drama cotidiano con Vivir es fácil con los ojos cerrados, A cambio de nada, Truman, etc., y del cine experimental con apuestas tan arriesgadas como La novia o Blancanieves. Nos hemos adentrado incluso en las superproducciones, con un incansable Bayona que arrasaba con Lo imposible y Un monstruo viene a verme. Hasta es buena noticia que la comedia costumbrista haya vuelto a triunfar sin complejos con los apellidos vasco-catalanes, en un país que siempre la había recibido con los brazos abiertos.

Pero no. Putas, rojos, maricones. Al hoyo.

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Vía rtve.es

Qué deliciosamente conveniente, por tanto, que Tarde para la ira haya ganado anoche. Qué revelador que el cine negro español de nueva hornada esté ganándose el beneplácito de la crítica, como abanderado de una nueva forma de comprender y hacer películas lejos del tópico. Un puñetazo de rabia por parte de auténticos profesionales que con escasos medios están llevando con buen pulso las producciones patrias, incluso ganándose fuera el respeto que les negamos dentro por el simple delito de dedicarse a la farándula nacional.

Una necesaria reacción hacia tanta propaganda partidista. El género negro, como mejor medio para reflejar las miserias y obsesiones de un país tan seco, áspero y rencoroso como los personajes que deambulan por los escenarios de tensa cotidianeidad de Tarde para la ira. Comuniones en patios de vecinos, puticlubs y hostales de mala muerte en la carretera, casas de campo en medio de secarrales: ambientes conocidos en el páramo de la meseta española, tan acogedores como cargados de una insoportable violencia latente. No hay lugar para la piedad en este yermo, ni justicia que valga para devolverles la vida a los muertos. Es tarde para el perdón.

Hay violencia sin adulterar en Tarde para la ira, cocinada a fuego lento por un Raúl Arévalo que ha madurado una sobria, tensa y prometedora habilidad narrativa en esta, su ópera prima. A raíz de los espumarajos soltados ayer en internet por los amigos del boicot, quiero pensar que esta explosión ha sido debida al hastío. A un esfuerzo por reivindicar la importancia de los jóvenes talentos en este nuevo cine español que necesita educar al público que esté por venir en que es bueno profesionalmente y necesario artísticamente. Para la propia industria primero, pero también para toda la sociedad.

Digo al público que está por venir, porque al que quedó atrás ya no habrá quien lo recupere. Muchos de ellos, arrastrados por una sarta de falsedades o medias verdades vomitadas por poderes interesados: los mismos que impunemente han difundido el bulo sobre una película “pro-etarra” que resultaba ser “favorita” en los Goya, aunque en realidad no ganó ni una sola nominación. Ojalá comience ahora una campaña de rectificación tan intensa como lo fue la de virulenta difamación. Pero no voy a ser ingenuo.

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Vía premiososcar.net

Lástima, pues, que el futuro de esta industria quede en manos de esos mismos poderes que sin vergüenza alguna reconocen no ver nada de cine español. Parece mucho más rentable mantener ese empeño obsesivo en denostar absolutamente todo lo que salga de nuestra industria. ¿Almodóvar va ser presidente del jurado del próximo Festival de Cannes? Qué vergüenza de premios, qué sabrán esos gabachos. ¿Las recaudaciones millonarias de los apellidos vascos o de Bayona? Tomemos entonces la realidad de un sistema de subvenciones viciado y corrupto, de datos de taquilla fraudulentos y falsificados para favorecer a la camarilla de siempre, y extendámoslo a que ningún español (muy español, mucho español) en su sano juicio iría a ver esos apellidos, y por tanto su éxito es un fraude. Y suma y sigue.

No me interesan los hipócritas. Las “famiglias” protestonas de pasarela que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Ni los palmeros de la incultura, que perpetúan bulos y mitos. Cuánto daño han hecho ambos a la imagen social de la industria, de la cultura. Prefiero que protesten quienes se ven desamparados tanto por un sistema de ayudas injusto, como por la solidaridad social aparente y la pretenciosa cruzada indignada por la justicia. Celebro que se quejen los que intentan sacar adelante su arte, frente a las trabas administrativas. Frente a tijeteretazos que ni siquiera se justificaron, ni nadie cuestionó; sablazos que no vinieron acompañados por un empeño gubernamental claro en la mejora de la oferta cultural, y que solo cabe entender como una cruel venganza contra los díscolos. No queremos ver, en cambio, que necesitamos invertir en cultura porque es uno de nuestros capitales más fructíferos y provechosos. Una de nuestras industrias más desiguales, donde mientras unos pocos disfrutan del banquete, otros muchos ni siquiera podrán vivir de su arte.

Pero, claro, no es arte, sino cuento. Pues bien, habrá que decirlo más alto, más veces: sí se está haciendo buen cine en España. Espero que algún día se vea recompensado, y lluevan las disculpas. Y que, en ese momento, no sea tarde para aceptarlas. Y seguir rodando.

 

Amanece en Castroforte… que no es poco

Al fin. Terminé La saga/fuga de J. B. Obra monumental de nuestra lengua castellana; y por monumental, me refiero a insufrible; y por insufrible, quiero decir necesaria. Necesaria de escribir, de leer, de comentar. También de alabar, así como de … Sigue leyendo