Soñar en los tiempos de Trump

Moonlight

Una película de colores llamativos con un envoltorio de caja de bombones para una época políticamente tumultuosa en la que mejor no pensar, dulce con su puntito amargo de romanticismo naíf, con canciones un poquito cursis e inocuas y escenas de baile prefabricadas que intentan recuperar el gran esplendor del género en el Hollywood clásico a través de la reivindicación de la nostalgia en su vertiente más cool.”

Ganó Moonlight. La La Land vio anoche su sueño frustrado. Conveniente y hasta poética metáfora de su temática en la ficción: puedes triunfar, pero las decepciones enturbiarán tu camino. Un histórico y lamentable error en la entrega del premio -y desde ya exitoso meme de Internet- puso el broche más tristemente adecuado a una película que, sin llegar a perder (6 Oscar no son desdeñables, ni mucho menos), sí ha sido derrotada en su propio campo. En el de los sueños rotos.

Lo ocurrido anoche confirmó tres tendencias. Moonlight remataba su imparable y poco sorprendente ascenso en la campaña de premios: nunca dejó de estar entre las favoritas. La Academia, visto lo visto en los últimos años, se ha decidido por el reparto a lo bruto en momentos de indecisión: desde la ceremonia de 2012, solo Birdman acumuló los premios a Película y Director. Y, en esto de los Oscar, la quiniela no se decide hasta el último momento. Siempre hay factores impredecibles que pueden dar un vuelco a una noche que peca por lo general de previsible.

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Tarde para el perdón

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Vía rtve.es

Estoy seguro de que pocos de los que ayer vomitaban bilis rencorosa contra la gala de los Goya no han visto ni tienen intenciones de ver la película ganadora, Tarde para la ira. Total: parece más fácil la hostil indiferencia contra una industria cinematográfica nacional reducida a “putas, rojas, maricones y la guerra del abuelo, qué asco de Almodóvar”.

Ignorando, con semejante sermón, que en los últimos diez años no ha habido Almodóvar y sí la confirmación de una fabulosa tendencia al alza de nuevas voces. Celda 211, No habrá paz para los malvados y La isla mínima ahora comparten podio con Tarde para la ira: se reafirma el cine negro, en un año 2016 en el que también hemos tenido El hombre de las mil caras y Que Dios nos perdone. Diez años que también han visto el asentamiento del drama cotidiano con Vivir es fácil con los ojos cerrados, A cambio de nada, Truman, etc., y del cine experimental con apuestas tan arriesgadas como La novia o Blancanieves. Nos hemos adentrado incluso en las superproducciones, con un incansable Bayona que arrasaba con Lo imposible y Un monstruo viene a verme. Hasta es buena noticia que la comedia costumbrista haya vuelto a triunfar sin complejos con los apellidos vasco-catalanes, en un país que siempre la había recibido con los brazos abiertos.

Pero no. Putas, rojos, maricones. Al hoyo.

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