Tarde para el perdón

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Vía rtve.es

Estoy seguro de que pocos de los que ayer vomitaban bilis rencorosa contra la gala de los Goya no han visto ni tienen intenciones de ver la película ganadora, Tarde para la ira. Total: parece más fácil la hostil indiferencia contra una industria cinematográfica nacional reducida a “putas, rojas, maricones y la guerra del abuelo, qué asco de Almodóvar”.

Ignorando, con semejante sermón, que en los últimos diez años no ha habido Almodóvar y sí la confirmación de una fabulosa tendencia al alza de nuevas voces. Celda 211, No habrá paz para los malvados y La isla mínima ahora comparten podio con Tarde para la ira: se reafirma el cine negro, en un año 2016 en el que también hemos tenido El hombre de las mil caras y Que Dios nos perdone. Diez años que también han visto el asentamiento del drama cotidiano con Vivir es fácil con los ojos cerrados, A cambio de nada, Truman, etc., y del cine experimental con apuestas tan arriesgadas como La novia o Blancanieves. Nos hemos adentrado incluso en las superproducciones, con un incansable Bayona que arrasaba con Lo imposible y Un monstruo viene a verme. Hasta es buena noticia que la comedia costumbrista haya vuelto a triunfar sin complejos con los apellidos vasco-catalanes, en un país que siempre la había recibido con los brazos abiertos.

Pero no. Putas, rojos, maricones. Al hoyo.

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